A ocho años de crear su empresa, Mónica Alcalde y Jorge Treviño aún recuerdan que sus parientes y amigos no daban crédito a la clase de negocio en el que estaban metidos. “Pensaban que vendíamos marihuana”, comentan entre risas. Hoy México sigue a medio camino en el proceso de legislación, y para estos emprendedores no cabe duda que la industria tiene un "gran potencial que va a ser buena para todos, económica y socialmente”.

Lo estudios que se han hecho al respecto avalan su teoría, y de hecho México se coloca como el segundo mercado potencial en América Latina —con un volumen de negocio que se estima en mil 900 millones de dólares anuales— indica un reporte de New Frontier Data, empresa dedicada al análisis de datos e inteligencia comercial en la industria mundial cannábica.

Entrevistados en su fábrica de productos, Mónica y Jorge nos explican que en realidad lo que ellos ofrecían y ofrecen son productos alimenticios derivados del cáñamo o hemp, una planta del género cannabis, el mismo al que pertenece la marihuana, pero con la diferencia que el cáñamo posee una dosis mínima de tetrahidrocannabinol (THC), que es el componente psicoactivo de la planta. Para que las tiendas distribuidoras entendieran esto, fue un proceso largo, pero no niegan que se ha avanzado.

Su empresa, llamada Be Hemp, hoy surte a muchos puntos de venta en todo México, desde tiendas especializadas en alimentos orgánicos y de salud hasta cadenas de supermercados como Chedraui. Aceite para ensaladas, proteína en polvo para licuados, semillas de hemp y snacks tipo barritas son algunos de sus productos.

Para estos dos emprendedores, Be Hemp se ha transformado con el paso del tiempo en “un buen negocio”. "Nos sentimos muy contentos que a raíz de esto que hicimos se haya detonado la industria del hemp en México y esto está maravilloso porque habla de mucha prosperidad”, cuenta Mónica.

Pero no siempre la tuvieron fácil. Como pioneros en esta industria —que ya aglutina a unas 15 marcas en el país— tuvieron que nadar a contracorriente en un inicio.

El gran parecido físico entre el cáñamo y su prima —por muchos satanizada— la marihuana, el desconocimiento de las autoridades sobre las distintas clases de cannabis que existen y una ley mexicana completamente restrictiva en cuanto a su siembra y omisa en cuanto a su uso industrial, hizo que el proyecto de Mónica y Javier fuera una verdadera odisea.

Mucha gente pensaba que hemp era igual a marihuana. Nos la quitaron (los productos) de las tiendas… nos decían: ‘es cannabis, yo no puedo vender esto’. No fue fácil realmente”, explica Jorge. Y remata Mónica: “Fue toda una aventura”.

La ‘súper planta’ que creó una industria millonaria

Aunque parecidos físicamente, el cáñamo y la marihuana tienen sus diferencias. Primero, no comparten el mismo nivel de compuesto psicoactivo: el cáñamo contiene 0.3% de THC mientras que la marihuana puede contener de 10% a 30% de THC, dependiendo la cepa.

Otro contraste es que toda la planta del cáñamo (tallos, semillas y flores) se aprovecha en el mundo para fines industriales mientras que en el caso de la marihuana solo se cosechan las flores y se desecha el resto.

Jorge Treviño indica que actualmente más de 20 mil productos alrededor del mundo se elaboran con cáñamo, desde materiales de construcción como aislantes, concretos y ladrillos hasta alimentos, productos de higiene personal, textiles, pinturas, sustitutos de plástico, biocombustible, medicinas y cosméticos, entre otros.

Para este empresario, se trata de una “súper planta” porque “se puede vivir literalmente de ella”.

De acuerdo con un informe de la firma Gran View Research, el tamaño del mercado global de cannabis alcanzará los 146 mil millones de dólares para el año 2025.

Solo en América Latina, el volumen del negocio –entre el mercado regulado e ilícito– se estima en casi 10 mil millones de dólares para este 2019. Y México se coloca como el segundo mercado potencial en la región solo por debajo de Brasil, indica el reporte de New Frontier Data.

Para Mónica Alcalde, en México estamos viendo apenas la punta del iceberg de lo que puede ser un gran negocio si se regula la cannabis para uso industrial.

“En Canadá solamente tienen una cosecha (de cáñamo) al año y con eso abastecen los principales países consumidores, entre ellos, México. En un país como el nuestro, donde hay tanta tierra, donde el clima es tan maravilloso, podríamos tener con toda certeza hasta tres cosechas”, explica Alcalde.

Por ahora, lo que hacen es importar la materia prima de Canadá aprovechando un margen de maniobra que les permite la ley, y a partir de ahí hacen sus productos en una fábrica ubicada en Tlalnepantla, Estado de México, y luego lo distribuyen en tiendas naturistas, de alimentos orgánicos e incluso Chedraui.

El problema es que mientras no exista una ley en México que regule el cultivo del cáñamo industrial, es un riesgo sembrarlo sin que alguna autoridad los considere narcotraficantes.

Sin embargo, de aprobarse una legislación que les permita sembrar y cosechar el cáñamo sin problemas, los precios de sus productos podrían disminuir hasta en un 50% y llegar a mucho más gente.

“El potencial que tiene esto cuando se pueda regularizar y se pueda sembrar aquí esta planta va a ser bueno para todos económicamente y socialmente”, considera Jorge.

Una ley que promueva la industria nacional

Cada vez más regiones de América avanzan en la regulación de la cannabis en sus distintos formatos. Tras casi un siglo de prohibición, Canadá la legalizó para su uso recreativo y medicinal en octubre del año pasado. Lo mismo ha sucedido con 10 estados y el Distrito de Columbia en los Estados Unidos. Uruguay hizo lo propio desde 2014.

En Brasil, la cannabis medicinal es legal y Colombia se está posicionando para ser un exportador mundial.

México parece estar dando pasos en la misma dirección. Luego de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación determinara en 2018 que la prohibición absoluta del consumo recreativo de marihuana es inconstitucional porque viola el derecho a la libre autodeterminación, se abrió el camino para regularla en el Congreso.

El pasado 8 de noviembre, la exsenadora y hoy secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, presentó una iniciativa de ley para regular la cannabis en México.

La propuesta reconoce que el Estado mexicano debe regular el mercado del cannabis en toda la cadena de producción y distribución, desde el cultivo de la semilla hasta el producto final.

Se trata de una legislación que diferencia perfectamente los dos tipos de cannabis y permite la siembra, cultivo, cosecha, preparación, fabricación, producción, distribución y venta de cannabis para fines industriales, con autorización previa de un instituto regulador que nacerá con la ley.

Para los fundadores de Be Hemp se trata de una propuesta de ley muy completa, aunque le falta algo: que dé prioridad a la industria nacional.

“Yo no alcancé a percibir o a leer una parte que pueda proteger al desarrollo de la industria nacional antes de que quieran entrar los grandes capitales internacionales porque entonces ahí vamos a empezar a perder como nos ha sucedido siempre.

“Si tú dices, los primeros cinco años no se permite inversión extranjera o se permite hasta cierto porcentaje, entonces desarrollas la industria nacional... Y una vez que la industria nacional esté desarrollada, consolidada y cimentada, entonces que entre quien quiera y podremos competir”, explica Jorge.

Los dos empresarios están confiados en que con la nueva administración la reforma se aprobará y dará pie a una industria con un potencial de crecimiento tremendo en México. “Estamos confiados que así va a suceder”.