“México vive un momento crítico en materia de violencia contra las mujeres”, dice Belén Sanz, Representante de ONU Mujeres en nuestro país, quien va enlistando, poco a poco, una serie de factores y de distintas formas de violencia que han abonado a alimentar el desolador panorama que tenemos hoy.

Si todos los noticieros de este país abrieran sus espacios informativos con un reporte diario de asesinatos de mujeres, tendrían que mencionar nueve nombres con sus apellidos. Nueve historias untadas de saña. Nueve familias destrozadas. Pero para llegar a esta descomposición social, antes tuvieron que haberse solapado y quedado impunes otros tipos de violencia.

Belén Sanz lo explica así: “el feminicidio no se puede analizar sin tomar en cuenta y entender la dinámica de violencia contra las mujeres más amplia que existe en el país. El feminicidio es la forma más extrema de violencia contra las mujeres. Acaba con su propia vida, pero en muchas ocasiones viene antecedida de otras formas de violencia”.

En entrevista con mexico.com, en el marco de la iniciativa de Spotlight —una iniciativa de la ONU en alianza con la Unión Europea e instituciones del gobierno mexicano, que busca atacar y erradicar el feminicidio—, Sanz va apilando esos factores fatales que hay que ir desterrando para poder llevar a cabo una estrategia efectiva.

Menciona, por ejemplo, la necesidad de acabar con los estereotipos dañinos que prevalecen en la sociedad respecto a los roles de niñas y niños, y de mujeres y hombres; también es necesario poner un alto a los casos de acoso y hostigamiento sexual que el MeToo “sacó de las sombras” en casi todos lo ámbitos profesionales; hay que frenar los altos índices de acoso que también existen en los espacios públicos, como el transporte; y sin duda tomar en cuenta el contexto de violencia por parte del crimen organizado que hace que México sea un país en el que las mujeres son mucho más vulnerables, particularmente en ciertos estados.

Todo lo que habla Sanz a lo largo de la entrevista, cada dato, cada cifra, la respalda con documentos, estudios y encuestas que tiene distribuidos en su escritorio. Por eso cuando llegamos a la pregunta de si México está peor o mejor que antes, no tiene asomo de duda: “La violencia de género y la violencia feminicida han aumentado en México en los últimos años y las cifras así nos lo indican”.

Pero también hay que decir —y abre un hueco a la esperanza—, que existe la oportunidad de revertir la situación: “No tenemos que aceptar como natural que la violencia llegó para quedarse”.

Justo en este camino surge la iniciativa Spotlight, la cual tiene como meta disminuir y erradicar el número de feminicidios en México, con un fuerte énfasis en la prevención.

“Primero que nada, creo que hay que redoblar esfuerzos para generar una mayor sensibilidad y consciencia de la violencia que existe contra mujeres y niñas en México. Por eso esta iniciativa busca, por un lado, iluminar el problema y sacarlo a la luz (de ahí el nombre de Spotlight); y una vez que se ilumine el problema, se tiene que trabajar generando cifras, información, historias de vida, y sobre todo trabajando en el terreno con las instituciones”.

De ahí que el proyecto tenga un enfoque muy territorial: “Se va trabajar en los estados y municipios donde las cifras de feminicidios son más altas, y se buscarán soluciones locales a sus problemáticas. Vamos a trabajar de muy cerca con las autoridades estatales, municipales y gobierno federal”, explica Sanz.


Aunque el anuncio de los municipios en los que se implementará la iniciativa se darán a conocer en el acto que se llevará a cabo en la Secretaría de Gobernación, no es difícil suponer que los estados y municipios elegidos serán los que tienen un mayor número de feminicidios.

En 2017, indica Sanz, las entidades con las tasas más altas de defunciones femeninas con presunción de homicidio (DFPH) fueron: Baja California Sur (20.51, casi cuatro veces el promedio nacional), Colima (19.41) y Chihuahua (12.97).

Y los 5 municipios que concentraron el mayor número de DFPH fueron: Tijuana, Juárez, Acapulco de Juárez, Ecatepec de Morelos y Chihuahua. Esto según las cifras de ONU Mujeres, calculadas a partir de INEGI, Estadísticas vitales de mortalidad, CONAPO, Conciliación de la Población de México 1970-2015 y proyecciones de la población de México 2016-2050.

En los sitios en que se lleve a cabo Spotlight se irán generando una serie de protocolos que den mayor acceso a la justicia, provisión de servicios a la víctimas. Y paralelamente se trabajará con el sistema legislativo y judicial a fin de fortalecer el sistema de justicia y combatir la impunidad.

Algunos de los actores principales de parte del gobierno serán la Secretaría de Gobernación, CONAVIM, Inmujeres y Secretaría de Relaciones Exteriores. Y por parte de la ONU hay seis agencias involucradas, entre ellas, ONU Mujeres, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito, y la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Esta iniciativa se antoja absolutamente necesaria en un México en el que un 66% de las mujeres, es decir más de 30 millones, han sido víctimas de alguna forma de violencia en algún momento de su vida, recuerda Belen Sanz, citando la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) de INEGI.

La encuesta hace referencia a cualquier tipo de violencia que puede ser emocional, económica, física, sexual o discriminación, y lo que es más peligros es la posibilidad de que este tipo de violencias escalen hasta acabar en feminicidios.

“Muchas muertes violentas de mujeres podrían prevenirse si se tuviera un sistema de alerta temprana suficientemente eficaz”, indica Sanz; y cita entonces el dato de que solo en 2017 hubo 3 mil 314 defunciones femeninas con presunción de homicidio; es decir 9 mujeres asesinadas al día; mientras que en 2016 el promedio era de 7 mujeres.

En el caso de niñas y adolescentes lo mismo sucede: en 2016 ocurrieron 276 Defunciones Femeninas con Presunción de Homicidio (DFPH) lo que representó una tasa de 1.4 por cada 100 mil niñas y adolescentes, mientras que en 2017 se incrementó el número a 341, con una tasa de 1.7.

Entonces está claro: “No ha disminuido la violencia, se ha agravado; y en el caso de México y otras partes del mundo, vemos que ahí donde hay presencia de actores armados al margen de la ley, las mujeres están en mayor vulnerabilidad”, dice Belén Sánz quien lleva en su cargo en México desde octubre de 2017.

La funcionaria de la ONU niega, sin embargo, que desde su punto de vista exista un desdén hacia este fenómeno, por parte del gobierno federal; y hace énfasis en decir que ha habido esfuerzos por parte de las autoridades para enfrentar la violencia de género.

“Ha habido avances importantes de política publica. Sí me gustaría resaltar que México tiene la Ley de Acceso a la Mujeres a una Vida Libre de Violencia, que ya habla de la violencia feminicida desde el año 2007, y que la define en ese aspecto más amplio de violencia de género; es decir, que está acompañada por un conjunto de conductas como misoginia, intolerancia e impunidad. A ello hay que añadir que México define en su Código Penal el delito de feminicidio desde el año 2012”.

Además otro gran avance en el ámbito de la justicia es el hecho de la Suprema Corte de Justicia de la Nación obligue desde 2016 a que toda muerte violenta de mujeres sea juzgada desde una perspectiva de género en las sentencias.

Tos esto refleja una preocupación por parte de la instituciones del Estado ante la problemática; es decir, hay herramientas de política publica “y ahora lo que es fundamental es que se redoblen los esfuerzas para implementar estas herramientas”, indica Belén Sanz.

*Los datos de DFPI son de ONU Mujeres, a partir de INEGI, Estadísticas vitales de mortalidad, CONAPO, Conciliación de la Población de México 1970-2015 y proyecciones de la población de México 2016-2050 (2016-2017), al igual que las de los estados y municipios con mayos índices de este tipo de violencia.