Ciudadanos estadounidenses marchan este martes para defender el derecho al aborto, frontalmente atacado por varios estados conservadores 46 años después de haber recibido el aval de la Corte Suprema de Estados Unidos.

Las manifestaciones están previstas en la costa oeste y noreste, donde el apoyo a este derecho sigue siendo consistente, y en el sur religioso y conservador, conocido como el "cinturón bíblico".

La movilización fue lanzada por asociaciones feministas y de planificación familiar tras la aprobación en unos 15 estados, entre ellos Alabama, Georgia y Mississippi, de leyes que prohíben o restringen drásticamente el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo.

“No es un juego: el acceso al aborto está en peligro, hoy tenemos que salir a la calle para defender nuestra libertad en asuntos reproductivos”, dijo la organización de derechos cívicos ACLU, una de las convocantes.

En Washington está prevista al mediodía una de las principales concentraciones, frente al Tribunal Supremo, que tiene la última palabra sobre el tema.

En 1973, el máximo tribunal legalizó el derecho de las mujeres a abortar mientras el feto no es viable fuera del vientre (alrededor de 24 semanas) en un histórico caso conocido como "Roe v. Wade".

Desde entonces, los estados conservadores han tomado distintas medidas para tratar de limitar el acceso al aborto inducido, por lo que el número de clínicas que lo practican se ha reducido en algunas regiones.

Pero quienes se oponen a la interrupción del embarazo han avanzado desde principios de año, impulsados por la restructuración de la Corte Suprema por el presidente Donald Trump.

99 años de prisión

El presidente republicano, que había prometido durante su campaña designar solo jueces contrarios a esta práctica, llevó a dos nuevos magistrados al Tribunal Supremo, haciendo inclinar la balanza en octubre hacia el campo conservador, con cinco de los nueve jueces.

La derecha religiosa aspira ahora a que la renovada Corte reconsidere su decisión de 1973.

Sus impulsores saben que los tribunales, sujetos a la jurisprudencia, bloquearán estos textos, pero prevén insistir hasta llegar a la Corte Suprema.

Alabama es el que más lejos ha ido en esta lógica. Una ley, promulgada la semana pasada, equipara aborto con homicidio y establece penas de hasta 99 años de cárcel para los médicos que lo practiquen. Prevé una única excepción en caso de peligro vital para la madre, pero no en casos de violación o incesto.

Miles de personas se manifestaron el domingo en este estado para defender el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos.

Kentucky y Mississippi, entre otros, han prohibido la interrupción del embarazo desde el momento en que se puede detectar el latido fetal (alrededor de seis semanas de embarazo), mientras Misuri lo prohibió a partir de las ocho semanas de gestación.

Se espera que el tema ocupe un lugar central en la campaña para las elecciones presidenciales de 2020, cuando dos tercios de los estadounidenses creen que el aborto debe ser legal, según un estudio realizado el año pasado por el Instituto Pew Center.

Los demócratas también se enfrentan a la ofensiva contra el aborto, que suscita reservas incluso en el campo republicano.

Tras aclarar que es “decididamente provida”, haciendo referencia al término utilizado por los contrarios al aborto para calificar su lucha, el propio Trump pidió excepciones en caso de violación, incesto o peligro para la madre.