Una chinampa es un modo de cultivo mesoamericano que expande el terreno de manera artificial para poder sembrar. Inspiradas en esta idea, Candy, Sol y Esmeralda, mejor conocidas como Colectiva Insubordinadas, fundaron La Chinampa, un espacio autogestivo en el sureste de Ciudad de México con el que buscan empoderar a las mujeres a través de la tecnología y la expansión del conocimiento colectivo.

Con un calendario de sesiones mensuales abiertas a talleres y cursos de todo tipo, La Chinampa impulsa la autonomía de las mujeres (y otras corporalidades disidentes) respecto a temas como tecnología, seguridad digital, sororidad, etcétera. La ubicación geográfica es intencionalmente lejana a las zonas céntricas de la ciudad, en el Barrio de La Asunción, en el centro de la alcaldía de Tláhuac.

“En la periferia no hay nada. Si queremos ir a un taller de lo que sea, tenemos que ir al Centro e implica un montón de dinero en pasajes, prácticamente irte a un taller es irte todo el día aunque dure dos horas”, explica Candy en entrevista con mexico.com. “Por eso pensamos que había que armar un espacio por acá en Tláhuac”.

Aunque una de las ideas base de La Chinampa es reclamar el lugar de las mujeres en el ciberespacio y parte de su enfoque es el activismo digital, también es un foro abierto para que se esparza el conocimiento de los pueblos originarios de la zona. “Nosotras entendemos la tecnología no solo como lo digital, sino como diferentes herramientas, técnicas, incluso el propio cuerpo”, dice Sol sobre este tema. “También es recuperar las voces de nuestras abuelas y nuestras madres y todas las mujeres que han hecho comunidad aquí y que han sido invisibilizadas”, agrega Candy.

“Nos preocupan las mujeres de las periferias porque sufren un montón de violencias”, dice Candy. “Es también un poco invitar a las chicas de por acá a que conozcan otras formas de vida y se acerquen a la tecnología, porque partimos de la idea de que la tecnología es emancipadora”.

Al centro tanto de la Colectiva Insubordinadas como de La Chinampa está el corazón hackfeminista de sus tres fundadoras. Esta ética, derivada de una primera etapa ciberfeminista, la explica Sol: “La ética hacker es la ética de hacerlo tú mismo, de aprender por tu cuenta, de tratar de romper lo que ya está establecido en tecnología. El hackfeminismo retoma esto por lo entendemos como que hay que hacerlo en conjunto, como en colectiva, en red, sin esperar a que alguien venga a enseñarnos”.

Así es como plantean su meta, de acuerdo con Sol. “Hackear al patriarcado: buscar cómo romper ese sistema utilizando herramientas tecnológicas y juntando todo, desde los saberes de las abuelas, de nuestras mamás, hacer un cúmulo de conocimientos y usarlos para hackear al patriarcado”, concluye.

La inauguración oficial fue el 22 de septiembre y hasta el final del 2018 tendrán sesiones mensuales abiertas a todo tipo de mujeres y todo tipo de conocimientos. La Chinampa se nutre de las aportaciones del público, tanto en su desarrollo como en las propuestas de talleres a realizar.