Una imagen casi mística: siete perros se adentran en el mar y caminan sobre el agua arrastrando un trineo. El primer pensamiento es: “esto es Photoshop”. Pero no. Es junio de 2019 en Groenlandia.

La imagen difundida en redes sociales por Rasmus Tonboe y tomada por el investigador de cambio climático Steffen M. Olsen refleja a la perfección los efectos de la crisis climática que afecta al planeta. En este caso, en la parte septentrional de la tierra.

Se trata de la primera vez en la historia, desde que se tienen datos, en que el deshielo en Groenlandia alcanza unos niveles tan altos antes de la llegada del verano, según muestra la información del National Snow & Ice Data Center (NSIDC).

Gráfico que muestra la extensión del deshielo en la superficie de Groenlandia en 2019 respecto a otros años
Gráfico que muestra la extensión del deshielo en la superficie de Groenlandia en 2019 respecto a otros años

En la fotografía, la parte superior de la banquisa —la capa de hielo flotante que caracteriza la isla—, se ha derretido por lo que da la impresión de que los perros caminan sobre el agua.

Olsen ha aprovechado la difusión de la imagen para destacar la importancia de esta capa helada en la vida de los groenlandeses. “Las comunidades de Groenlandia dependen de la banquisa para el transporte, la caza y la pesca”, explica en su cuenta de Twitter y hace un llamamiento para mejorar la predicción en el Ártico ante “eventos extremos”.

Este hecho no es anecdótico en la región. Las mediciones al final del verano pasado marcaron otro mínimo histórico anual. La NSIDC mostraba que la extensión de hielo marino del océano Ártico en septiembre se situaba en 4.59 millones de kilómetros cuadrados frente a los 7 millones de 1979.

El problema del aumento del deshielo no solo se cuenta en extensión. Uno de los problemas es la mayor fragilidad que tiene el hielo joven, más fácil de derretir, frente al hielo antiguo, según explica Raúl Rejón.

El calentamiento en los polos pone en riesgo, además, la supervivencia del permafrost, es decir, de la capa del terreno que está siempre congelada. Un posible deshielo de esta capa supondría la liberación de importantes cantidades de CO2, procedentes de la descomposición de plantas muertas atrapadas en el hielo, una vez salieran a la superficie. De ocurrir, los científicos calculan que se liberarían mil 500 millones de toneladas anuales de CO2, el equivalente a las emisiones de carbono procedentes de combustibles fósiles liberadas por Estados Unidos en todo un año.