Laura tenía 15 años cuando su maestro de inglés, un hombre de 40, la presionó para tener relaciones sexuales y luego le dijo: “No le cuentes a nadie”. Nos pidió no revelar su nombre real ni el del profesor.

mexico.com publicó un reportaje sobre el acoso sexual que padecen estudiantes de preparatorias públicas y privadas en Ciudad de México. Laura leyó las decenas de testimonios que recabamos y decidió contactarnos para contar su historia públicamente.

Han pasado 9 años desde que ella entró a estudiar en la Escuela Nacional de Preparatoria 9 “Pedro de Alba” —dependiente de la UNAM— en el turno vespertino.

En el plantel se sabía que el profesor de Dibujo le pedía a las chicas salir con él o que el de Informática las hacía ir vestidas en falda para presentar sus proyectos. El acoso estaba normalizado y nadie en la escuela le daba importancia.

“Nosotras, como chavitas de 15 años, lo que hacíamos era andar en bolita y cuidarnos como pudiéramos, pero al final esta gente estaba ahí, como si nada”, dice .

El profesor de Inglés, un hombre extrovertido y “muy llevado” con las alumnas, desde el comienzo del semestre abordó a Laura: le decía que era muy bonita, bromeaba con ella y le llevaba regalos.

Un día que ella fue al teatro universitario con sus amigas, se lo encontró y la invitó a salir: “me dijo que yo le gustaba, que quería conocerme y que era en plan de amigos”, relata.

Él llevaba una década dando clases y era 25 años mayor que Laura. “Comenzamos a salir y fue cambiando la situación, me empezó a pedir cosas que ya no eran de amistad”, cuenta la joven, “un día me llevó a su casa”.

Ese día tuvieron relaciones sexuales por primera vez, ella no quería hacerlo pero él la convenció diciéndole que todo iba a estar bien y que la quería mucho.

Sin embargo, las cosas cambiaron pronto y para mal.

“Él tenía una personalidad muy controladora y empezó a restringir mi forma de vestir, con quién hablaba, mi forma de hablar y qué hacía a qué hora”, cuenta la joven, “me contaba que yo no era la única chavita que estaba con él y me hacía llamarle todo el tiempo”.

Así pasaron seis meses en los que cada vez que ella intentaba salirse de la relación, él la amenazaba con suicidarse.

Laura comenzó a mentirle a su familia para evitar contarles lo que ocurría. Se alejó de sus amigos, faltaba a clases, se sentía deprimida y culpable. Pero no se lo dijo a nadie hasta que sus padres encontraron una foto de ella con el profesor.

“En ese momento yo ya no podía más, estaba abrumada y completamente negada a mi realidad", dice Laura, “por dentro estaba gritando por ayuda, estaba completamente ahogada y sentía culpa de lastimar a mis padres”.

Después de que sus papás se enteraron de la relación del maestro con Laura, ella intentó suicidarse con pastillas. Entonces su familia tomó cartas en el asunto.

Lo primero que padeció Laura fue ir al hospital para someterse a una revisión exhaustiva con el objetivo de descartar un embarazo, daño interno o alguna enfermedad. Lo siguiente fue ir a la escuela a denunciar la situación ante la directora en ese momento.

“Llegaron los abogados de jurídico de la UNAM y yo les conté todo a detalle”, explica Laura, “en ese momento teníamos toda la intención de denunciar en el Ministerio Público (...) se trataba de un caso de estupro”, cuenta.

“El día que llegamos a la dirección, estaba ahí un abogado de jurídico de la UNAM, y nos amenazó diciendo que esa situación no podía salir de la escuela ya que iba a dañar la imagen de la universidad”, reprocha Laura, “a mí me dijo que iba a perder mi pase directo y que me iban a expulsar de la escuela si procedíamos”.

Lo único que hicieron las autoridades escolares, añade la chica, fue dar de baja al profesor y dar carpetazo al caso, no le ofrecieron apoyo psicológico ni se volvió a tocar el tema.

Laura cayó en una depresión muy fuerte. “Terminé muy mal, me sentía muy sola y afectó mi relación con mi papá”, comenta, “estuve mucho tiempo medicada con antidepresivos y ansiolíticos”.

En retrospectiva, siente lo que vivió como algo irreal, un tiempo tóxico.

Cerca de un año después, él fue a buscarla en una hora libre a la escuela. “Llegó escondido a insistirme, a decirme que quería estar conmigo y que se había ido de la escuela para protegerme”, narra la joven, “yo me sentía muy acorralada porque no quería que se interpretara como que yo lo buscaba”. Ella tuvo que cambiar varias veces de número, pues él siempre lograba conseguir el nuevo y le enviaba mensajes llamándole “zorra” y “puta”. Incluso le escribió que le deseaba la muerte y que si no era de él no sería de nadie más.

A veces se paseaba fuera de su casa y sus padres consideraron mudarse pero no fue viable. El profesor la siguió buscando durante tres años. La última vez que lo vio fue en su primer día de universidad, en la FES Aragón, donde ella estudió Relaciones Internacionales.

“Creo que lastimé a mucha gente pero esa experiencia me abrió los ojos de cómo es la realidad para las mujeres, de cómo nos tratan y de que necesitamos mucho apoyo entre nosotras”, dice con la voz entrecortada, “cuando te sucede algo así tú no importas, te conviertes en un número, en una estadística, e importa más el nombre de una universidad que tu integridad”.

Laura se decidió a hablar de su caso en mexico.com para alertar a chicas que pudieran estar sufriendo lo que ella vivió.

“La situación para las mujeres está muy cañona y debemos de hablar de esto”, enfatiza, “yo quiero decirle a las chicas que siempre busquen apoyo, en su familia y en sus amigos, y que si sienten la mínima incomodidad que lo hablen, hablar las puede salvar”.

Se buscó a las autoridades de la Preparatoria 9, pero declinaron responder sobre este caso. La Dirección de Comunicación Social de la UNAM tampoco quiso dar respuesta a este texto.