Perder recursos naturales y dañar el medio ambiente sale caro en todo sentido.

El avión presidencial que ahora está a la venta tuvo un costo de 218.7 millones de dólares, lo que representa unos 2 mil 900 millones de pesos al cambio de 2012. Usándolo como unidad de medida, la contaminación en México supuso a lo largo de 2017 unos 326 aviones: alrededor de 947 mil 662 millones de pesos... o el 4.3% del PIB mexicano.

Quien da estos datos no es un activista ni una ONG, sino una institución oficial como el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Según sus últimas Cuentas Económicas y Ecológicas de México, esa cifra es el costo económico que se tendría que asumir por los daños ambientales, agotamiento de recursos y degradación.

Para entender cómo se hace este cálculo, el llamado Producto Interno Neto Ajustado Ambientalmente, buscamos a Francisco Guillén, director general adjunto de Cuentas Nacionales en el INEGI. Tras remarcar que México fue un país pionero en esta medición, comienza su explicación.

“Dentro de las cuentas nacionales, se miden los activos. Entre los ecológicos, hay algunos que se usan en actividades económicas, como la extracción del crudo o los recursos forestales. Luego hay otros, que se conocen como activos no producidos ambientales, que se ven su calidad afectada por la actividad económica, como el aire o el agua”, nos cuenta.

Igual que las máquinas o las construcciones, los activos ecológicos se desgastan y deprecian. Se genera un costo por el agotamiento y la degradación de los recursos naturales. Los costos por agotamiento, en total 125 mil millones de pesos, se reparten entre hidrocarburos, con 24 mil millones; recursos forestales, con 62 mil; y agua subterránea, con 39 mil. Los costos por degradación suponen 821 mil millones. De estos, la contaminación atmosférica se lleva 619 mil millones; seguida de la degradación del suelo y sus 90 mil millones, más los 70 mil causados por la basura y los 41 mil de contaminación del agua.

Para explicar cómo calculan estos montos y cantidades, Guillén recurre a un par de ejemplos. Para medir la contaminación del agua, ven qué cantidad de aguas negras se depositan en las distintas vertientes, usando información de fuentes oficiales como la Conagua. Una vez que tienen esa cantidad, calculan cuánto costaría descontaminar esa cantidad de agua usando diversos tratamientos.

En el caso de los recursos forestales, usan como base a la masa forestal del año anterior. Luego añaden la tasa de reforestación y el crecimiento natural y le restan la tala legal, ilegal y los incendios. Con el resultado final, calculan el costo de reposición de la masa forestal perdida.

“En México podemos ver como se ha comportado desde 2003 hasta la fecha y estamos mejor. Ese año, el costo era del 6.8%, mientras que ahora estamos en un 4.3%”. ¿Y a qué se debe? “Varias cosas. Por un lado, hay un desacople de la economía y uso de recursos. Luego, en el caso de los recursos que se agotan, estos cada vez se explotan menos”.

Entonces, si hubiera un aumento de las explotaciones petrolíferas y las refinerías, ¿empujaría el índice hacía arriba? “Sí, claro”, contesta. Básicamente habría que sumar como mínimo la propia extracción de hidrocarburos y la contaminación atmosférica que se diera tanto durante la extracción como durante el proceso de refinado del crudo.

Para Anaid Velasco, coordinadora del área de investigación del Centro Mexicano de Derecho Ambiental, este indicador está bien construido, es sólido y necesario. Pero tiene un problema: la información de la que se alimenta. “Este indicador está construido con base en la información que dan las autoridades. Por ejemplo, en términos de agua se basa en datos de la Conagua; en temas forestales, la Semarnat; y esto es un problema ya que su información no es ni la mejor ni la más actualizada”, explica.

Ella, por ejemplo, desconfía de la bajada en el indicador.

“Que el índice vaya a la baja en teoría significa que hay menos agotamiento y menos deterioro ambiental, pero claro, eso es solo en teoría", acota, "ya que las cifras y datos que manejan las Autoridades suelen ser bastante autocomplacientes”.