El Estado mexicano encabeza este jueves un acto de reconocimiento sobre la violación de derechos humanos cometida contra la periodista Lydia Cacho en diciembre de 2005, después de que dio a conocer una red de pederastia en Cancún, de la cual formaban parte políticos y empresarios.

Por los actos de tortura cometidos por oficiales, el Estado mexicano, a través de la Secretaría de Gobernación, ofrecerá disculpas públicas, como parte de una reparación integral que determinó el Comité de Derechos Humanos de la ONU en julio pasado.

OJO AQUÍ: La ONU resuelve que el Estado mexicano violó los derechos de Lydia Cacho

“Es un punto de partida para otras medidas, que el Estado mexicano en su conjunto debe adoptar para resarcir el daño. Una parte muy importante es continuar con las investigaciones para sancionar a todos los responsables materiales e intelectuales, y además adoptar medidas estructurales para que no se repitan hechos como los ocurridos con Lydia, pero también con el gremio periodístico y las personas defensoras de derechos humanos", explicó a mexico.com Leopoldo Maldonado, subdirector de Artículo 19 en México, organización internacional en defensa de la libertad de expresión.

Es significativo, comentó, porque debe marcar un parteaguas en la relación que han tenido los periodistas y defensores de derechos humanos con el Estado, la cual ha sido de persecución y hostigamiento, así como de violaciones de sus derechos por llevar a cabo su trabajo.

Maldonado agregó que hasta ahora hay un policía sentenciado por el delito de tortura, otro prófugo y uno más que se encuentra en proceso tras haber sido detenido en noviembre pasado en Cancún, Quintana Roo. Sin embargo, uno de los actores fundamentales es el empresario Kamel Nacif, quien aún no ha sido vinculado a proceso.

Los hechos

La periodista Lydia Cacho fue detenida el 16 de diciembre en 2005 en el Centro Integral de Atención a la Mujer en Cancún, Quintana Roo, por 10 hombres: cinco empleados del empresario textilero Kamel Nacif, y cinco agentes de la policía judicial de Quintana Roo.

Esto ocurrió nueve meses después de que Cacho publicó el libro “Los demonios del edén”, donde documenta una red de explotación sexual infantil de la que formaron parte empresarios y políticos, entre ellos, Nacif y Jean Succar Kuri, quienes eran amigos del entonces gobernador de Puebla, Mario Marín, y uno de ellos la demandó por difamación.

A partir de esta denuncia, se abrió una averiguación previa, la cual no le fue notificada y se giró una orden de aprehensión en su contra por ese delito.

Fue detenida y trasladada de Quintana Roo al estado de Puebla en un viaje que duró 20 horas y en el que fue objeto de tortura psicológica, tocamientos, amenazas de muerte, violencia verbal y física hasta que fue presentada a la Procuraduría General de Justicia en Puebla durante el gobierno del priista Mario Marín.

Lydia logró salir después de pagar una multa de 70 mil pesos, pero continuó el proceso de difamación. Con ello, un camino legal en el que la periodista también denunció a los servidores públicos.

El caso llegó a ser atraído por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, pero desechó pruebas clave, como la conversación entre el gobernador de Puebla, Mario Marín, y el empresario Nacif, por tratarse de grabaciones sin su autorización, y determinó que no hubo violaciones graves de derechos humanos contra la periodista. Una vez agotados los recursos de justicia en México, Lydia acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En dichas grabaciones, se revelaba cómo Nacif agradece al entonces gobernador de Puebla por haber detenido a Lydia Cacho.

Maldonado explicó que el caso debe ser un parteaguas para fortalecer el Mecanismo de Protección a Periodistas y fortalecer a las Fiscalías encargadas de investigar delitos contra la libertad de expresión.

La organización Reporteros Sin Fronteras informó en 2018 que México es el tercer país más peligroso en el mundo para los periodistas, después de Afganistán y Siria, luego de que el año pasado nueve fueron asesinados.

Marín solo fue visto públicamente cuando entregó e poder en 2011 a Rafael Moreno Valle, sucesor como candidato de la oposición en Puebla.

Aquí transcribimos la conversación telefónica que la Corte no tomó como elemento de prueba por haberse realizado sin el conocimiento de los involucrados: el gobernador de Puebla, Mario Marín y el empresario Kamel Nacif, llamado el rey de la mezclilla. La dio a conocer por escrito el diario La Jornada y otros medios como el programa de Carmen Aristegui en W radio, en febrero de 2006.

La conversación entre Kamel Nacif y Mario Marín

-Quihúbole, Kamel.

-Qué paso, mi góber precioso?

-Mi héroe, chingao.

-No, tú eres el héroe de esta película, papá.

-Pues ya ayer le acabé de darle un pinche coscorrón a esta vieja cabrona. Le dije que aquí en Puebla se respeta la ley y aquí no hay impunidad y quien comete un delito se llama delincuente. Y que no se quiera hacer la víctima y no quiera estar aprovechando para hacerse publicidad. Ya le mandé un mensaje a ver cómo nos contesta. Pero es que nos ha estado jode y jode, pues que se lleve su coscorrón y que aprendan otros cabrones y otras.

-Ya sé, y es que estos cabrones siguen sacando mamadas y mamadas. Pero yo hice una declaración. Fui a la televisión.

-Ah, qué bueno. ¿Allá en México o acá en Puebla?

-Aquí, pero dijeron que la iban a mandar allá. Salió aquí. Y yo en el Milenio le dije, si lo quieres leer, le dije, pus al señor gobernador no le tembló la mando.

-Ni nos tiembla ni nos temblará.

-Pinche bola de ratas. ¿Qué han hecho? Qué asquerosidad es esto, ¿eh?

-No, se sienten Dios en el poder.

-Así es. Yo te hablé para darte las gracias. Sé que te metí en un problema pero...

-No'mbre, a mí me gustan esos temas. Coincido contigo en que, jijos de la chingada, en esos temas... digo... no somos santos, desde luego, pero si alguien tiene pruebas que las presente. Y si no que se calle la boca.

-Oye, pero en algo tan vergonzoso, mi distinguido. Porque es vergonzoso.

-Así es.

-Y yo para darte las gracias te tengo aquí una botella bellísima de un coñac que no sé adónde te la mando.

-Pues a Casa Puebla.

-Yo te la quería dar personalmente, pero estás todo ocupado.

-Mándamela a Casa Aguayo, para echármela.

-¿Te la vas a echar? Pues entonces te voy a mandar dos, no una.