Margarita Alanís, de 60 años, se comunicaba todos los días con su hija Campira por teléfono y WhatsApp. Por eso le pareció muy raro que el último día de 2016 no le respondiera por ninguna vía. Desde su casa en Acapulco, la madre le pidió a la expareja de Campira ir a buscarla a su departamento de la colonia Santo Domingo, en Coyoacán. Él le dijo a Margarita que su hija estaba muerta.

Campira Camorlinga Alanís tenía 31 años, era mamá de dos niños y estudiaba literatura en la Universidad de la Ciudad de México. Cuando la encontraron, estaba golpeada y tenía el pelo recortado casi a ras de la cabeza, pero las heridas en sus muñecas y la llave del gas abierta hicieron pensar a la policía que se trataba de un suicidio.

Eso le dijeron a Margarita cuando llegó al Ministerio Público, pero ella no lo creyó. Conocía bien a Campira y sabía que tenía grandes planes para la educación de sus hijos. No la creía capaz de atentar contra su vida. Una abogada que atendió el caso insistió desde los primeros días en que se trataba claramente de un feminicidio y debía investigarse como tal. Poco después, se confirmó que la causa de muerte fue asfixia por estrangulación.

La última persona que estuvo con ella fue su novio, Jorge Humberto. Margarita dice que la relación llevaba cerca de un mes y medio y que todo parecía normal. La madre lo conoció un par de semanas antes y estaba contenta por su hija. Ella lo describía como un hombre muy atento, que le cocinaba y la consentía.

Después del asesinato, algunos familiares de Campira publicaron en sus redes las fotos del principal sospechoso. Margarita cuenta que en poco tiempo comenzaron a recibir mensajes de personas desconocidas alertando de que era un hombre peligroso, que había matado a una novia anterior y había fallado en su intento de asesinar a otra.

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El caso se volvió mediático tras la publicación de una serie de reportajes de Noticieros Televisa, en marzo de 2017, donde presentaban a Jorge Humberto como un asesino serial y lo llamaban El Matanovias. Según Margarita, la orden de aprehensión se giró un mes después. Medio año más tarde, a finales de octubre, fue detenido en Guatemala y enviado al Reclusorio Norte.

El asesinato de Campira es parte de una pequeña minoría en que el presunto culpable está vinculado a proceso. En Ciudad de México, esto sucede solo en el 6% de los feminicidios. El 62% de los responsables están prófugos.

Hoy 2 de octubre, vence el plazo para que las autoridades de la Ciudad de México decidan o no declarar la Alerta de Violencia de Género. Sin embargo, según ha podido saber mexico.com se pedirá una prórroga.

A pesar de todo, Margarita considera que el proceso judicial ha sido lento y deficiente. Una de las omisiones que han cometido las autoridades en su caso es el no haberle dicho, hasta hace muy poco, que ella y sus nietos tienen derechos como víctimas.

El 31 de diciembre se cumplen dos años del asesinato de Campira y durante este tiempo, Margarita decidió dejar su casa en Acapulco para colaborar con la investigación en la capital mexicana. Solo espera a que se dicte una sentencia y que “el asesino de mi hija nunca más pueda matar a otra mujer”.