La victoria de Andrés Manuel López Obrador no frenó los comentarios clasistas ni racistas en su contra: los potenció.

México es un país profundamente clasista y racista, las estadísticas no mienten. De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), en este país siete de cada diez personas son discriminadas por una multitud de pretextos: socioeconómicos, físicos, de estilo de vida. La desigualdad es tal en México que solo una quinta parte de su población no tiene carencias sociales; del resto, más de la mitad es pobre.

Durante la campaña de López Obrador, el candidato fue víctima de discriminación por su color de piel, por su edad —la campaña de José Antonio Meade lanzó una serie de videos donde insinuaban que una persona de la tercera edad no podía gobernar—, y porque no habla bien inglés.

Tras su victoria en las elecciones presidenciales, este panorama no cambió. Salieron los hashtags #MeDuelesMéxico y #AMLONoEsMiPresidente, alimentados por ese sentimiento que el investigador Hernán Gómez Bruera denominó “pejefobia”. Un “conjunto de exaltadas emociones que abrevan en prejuicios clasistas” que no tienen fundamento racional y que responden a “prejuicios y estigmas sociales”.

El presidente electo no ha sido el único funcionario señalado por su origen humilde en este periodo de transición. También han habido casos como el de Pedro César Carrizales “El Mijis”, diputado estatal electo de San Luis Potosí, quien fue atacado por sus brazos tatuados y pasado pandillero. Incluso el hijo menor de López Obrador ha sido foco de burlas por su aspecto físico.

Representación popular

De acuerdo con el Módulo de Movilidad Social Intergeneracional (MMSI), presentado por el INEGI en 2017, 88% de los mexicanos encuestados se consideran morenos. El color de piel fue elegido por los entrevistados a partir de una escala cromática desarrollada por el Proyecto sobre Etnicidad y Raza en América Latina (PERLA). Aunque sus resultados no son concluyentes en cuanto al total de la población mexicana, se trata de una muestra que permite plantear preguntas como qué tan representados están los tonos de piel de los mexicanos en la cúpula de gobierno.

En 2017, Adrián Santuario, el físico de la UNAM, analizó el color de piel de los 500 diputados federales del país para identificar qué tono tenía mayor representación en la Cámara Baja del Congreso de la Unión durante la LXIII Legislatura (2015-2018). Su estudio permitió señalar que el partido con el promedio de piel más clara era el Verde Ecologista de México —que equivalía al 7.8% de esa legislatura—, mientras que el partido de piel más oscura era el de la Revolución Democrática —10.8%—.

Adrián Santuario encontró la media de tonos de piel en la Cámara de Diputados
Adrián Santuario encontró la media de tonos de piel en la Cámara de Diputados

En el espectro cromatográfico de dicha legislatura, el partido con mayoría en la Cámara Baja, el PRI, estaba más hacia el lado de los morenos, mientras que el PAN, con 21% de diputados, era el tercero más blanco. Morena, que en esta legislatura cuenta con 9.4% de representación, es el segundo partido de tez más oscura.

Este espectro podría cambiar a partir de septiembre, cuando inicie la LXIX Legislatura (2018-2021). Después de las elecciones federales, Morena —segundo partido de tez morena— será el partido con más representación en la Cámara de Diputados con 42%, mientras que el PVEM —el más blanco— contará con apenas el 5.5% de presencia. El PRD, señalado en la cromatografía de Santuario como el partido más moreno en promedio, tendrá apenas 6% de diputados.

En términos de representación de género, la Cámara de Diputados en la próxima legislatura contará con 47.8% diputadas y 52.2% diputados. Pero queda mucho camino por andar, considerando que apenas 13 de 500 diputados corresponden a población indígena. ¿Cómo se verá un espectro cromatográfico de la próxima legislatura? En un país tan dividido por el racismo y clasismo como México, será un tema para mantener en el ojo público.