En el salón de su casa al sur de Ciudad de México, Margarita Garfias acaricia con cariño la cara de su hijo Carlos. El adolescente tiene 15 años y a los tres días de nacer su cerebro se quedó 15 minutos sin oxígeno. Esto le dejó graves secuelas. Carlos no habla, vive en una silla de ruedas, no puede comer solo. Sufre convulsiones frecuentemente y padece epilepsia. Pero desde hace tres años, para Margarita y Carlos todo mejoró con una nueva medicina.

El remedio lo guardan en un armario de madera vieja. Dentro, en unos tarros de cristal, tiene los aceites de marihuana con los que trata la epilepsia de su hijo. Gracias a ellos, el chico duerme mejor, no se convulsiona, ha reducido sus medicamentos y la calidad de vida de toda su familia ha mejorado increíblemente.

“Yo la planta antes la veía como los demás. Como algo malo, algo sucio, algo que solamente usaba gente con alguna necesidad de olvidarse de su vida”, nos dice. “Ahora la veo como un botiquín, algo que todos deberíamos tener”.

Para entender el camino de Margarita, una de las decenas de personas que se amparó hace meses para poder cultivar marihuana, hay que entender su vida como madre de una persona que, por su pérdida total de autonomía mental y física, necesita la presencia continua de un cuidador.

“Desde que nació Carlos, siempre teníamos una maleta lista en la puerta para ir al hospital de un momento a otro. Tenemos otra hija, dos años mayor que Carlos, y era un estrés enorme para ella ver cómo teníamos que pincharle las primeras medicinas antes de salir corriendo al hospital cuando las crisis epilépticas no paraban”, explica.

No tenían casi horas de sueño. Tomaba siete antiepilépticos y su sistema inmunológico se había deprimido. Su médula ósea casi no producía glóbulos blancos y siempre estaba enfermo. Así que además de tener que ir al hospital por la epilepsia, acudían por las neumonías.

Pero un día, hace cinco años, Carlos cayó en un estado epiléptico del que no lograba salir. Así que Margarita y su médico decidieron probar con un aceite de marihuana alto en CBD, uno de los principales ingredientes psicoactivos de la planta. Las convulsiones de la epilepsia y las visitas al hospital disminuyeron mucho.

En The Lancet Neurology, el doctor Orrin Devinsky, neurólogo del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, publicó en 2015 Cannabidiol in patients with treatment-resistant epilepsy. Con una muestra de 162 pacientes de epilepsia, les administró un extracto con 99% de cannabidiol, un producto no psicoactivo de la marihuana, y los monitorearon 12 semanas. Los investigadores concluyeron que las convulsiones disminuyeron en un número similar a los fármacos habituales. Otros estudios posteriores han dado resultados similares.

Conseguir ese aceite fue muy complicado. Con una receta del neurólogo tuvo que acudir a Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y pedir un permiso de importación personal. Luego, contactó a un agente aduanero para que se encargara de los trámites de importación desde Estados Unidos.

Cada frasco valía 6 mil 500 pesos, más los entre 7 y 12 mil pesos que cobraba el agente por sus servicios. Cada receta contemplaba el tratamiento de seis meses. Ante esta dificultad, en otras ocasiones viajaba ella misma a Estados Unidos y lo traía escondido en su bolsa, de contrabando.

A lo que nos orillan las autoridades por su ignorancia”, lamenta.

Pero a los ocho meses, Carlos desarrolló resistencia al aceite. Su nivel de tolerancia aumentó y con ello volvieron las convulsiones. Probaron un aceite de cáñamo. Estuvieron bien un año... hasta que volvió la tolerancia. Fue entonces cuando decidió liberarse de la tiranía de la medicina estandarizada y comenzar a cultivar y hacer sus propios aceites.

Con ayuda de Mamá Cultiva, una organización nacida en Chile de madres que usan el cannabis medicinal para sus familiares enfermos, aprendió a cultivar y a preparar ella misma los aceites. Carlos toma rondas de un mes, con dos gotas al día, y descansa un mes.“Como con la planta puedes hacer diferentes extracciones y todas dan diferentes efectos, puedo ir cambiando el tipo de cannabinoide y no genera resistencia”, cuenta.

“El estigma en torno a la marihuana se ha relajado mucho. Ahora se habla de regular y ya no hacemos reuniones clandestinas de mamás enseñando a otras mamás a cultivar, sino que se hacen simposios médicos de grandes farmacéuticas para hablar de cannabis”, asegura.

MarketWatch, un sitio web de análisis de mercado subsidiario de Dow Jones & Company, estima que el mercado internacional de la marihuana medicinal tuvo un valor en 2017 de 13 mil 908 millones de dólares, unos 267 mil 368 millones de pesos al cambio actual. Sus prospecciones apuntan que para 2026 se expandirá hasta los 57 mil 582 millones de dólares, un millón 106 mil 962 millones de pesos.

“Carlos duerme del tirón, está más sonriente. Fue un gran cambio en su calidad de vida y la de la familia. El ejemplo de Carlos ha convencido a muchas madres que conozco para que busquen otra opción para sus hijos. Pero al nuevo Gobierno le veo como con poco espacio para la legalización”, reflexiona, “se les olvidó esa promesa”.