Leopoldo Rivera, un periodista de 48 años radicado en Ciudad de México, lleva metido en el tema de la marihuana casi tres décadas y es uno de los fundadores de Cáñamo México, publicación surgida el 4 de mayo de 2015.

En ese año, la Secretaría de Gobernación prohibió la revista, argumentando que incitaba al consumo. Ahora, 21 ediciones después, Rivera nos habla sobre cómo ha evolucionado la opinión de los mexicanos respecto a la hierba, y lo hace despachando desde la Cáñamo Shop, donde hay libros, arte, pipas y demás productos de la cultura cannábica.

México ha pasado de tener una percepción de la ‘Marihuana, el monstruo verde’ —aquella cinta mexicana en blanco y negro que demonizaba la mota en 1936—, a tener jurisprudencia para el cultivo y consumo de la planta sin fines de lucro, nos cuenta Leopoldo Rivera; y así comenzamos una charla en la que hablamos de la evolución de estigmas y prejuicios hasta la apertura que hoy se vive en la sociedad.

—¿Desde cuándo comenzaste a trabajar en el tema de la cannabis?

—Yo empecé a estudiar por mi cuenta desde los 90, pero ya en 2001 —que conocía a Julio Zenil, otro de los editores de la revista Cáñamo—, decidimos ponernos en marcha para buscar una forma de legalizar el cannabis; hicimos una marcha, que ya se hacía en otras partes del mundo, que es la marcha del día mundial por la liberación de la marihuana. Nos sumamos a esta marcha ya que soplaban vientos de democracia en el país pues acababa de ganar la presidencia Vicente Fox.

—¿Cuántas personas participaron en aquella marcha?

—Pues ni fue marcha; teníamos mucho miedo. Hablamos a la Comisión de Derechos Humanos (del Distrito Federal) para que mandaran a un observador y dijeron ‘no, eso no es sujeto de derechos humanos’. Tratamos de que fuera muy masiva, hicimos cientos de volantes, mandamos miles de correos electrónicos y llegaron 15 personas.

—¿Qué te decían tus amigos o familia respecto al movimiento?

—En un principio me decían que estábamos locos, que cómo se nos ocurría. Ahora me dicen que qué bueno que perseveramos y que lo hicimos porque eso ha permitido cierta apertura.

—¿Crees que la perspectiva que se tiene sobre la marihuana ha cambiado en México?

—Ha cambiado muchísimo. Creo que en general poca gente tenía argumentos sólidos para oponerse, pero ahora se han dado cuenta o han percibido socialmente que (la marihuana) no representa el peligro que nos dijeron que representaba.

—¿Qué se decía de la marihuana?

—Que era un monstruo verde que se comía a los niños, que volvía loca a la gente, que la convertía en asesina, delincuente. Ha sido difícil porque es más fácil engañar que desengañar. Fueron 70 años de bombardeo mediático, hay una película mexicana que se llama Marihuana, el monstruo verde (Director José Bohr, 1936) que claramente está enfocada a desprestigiar a los consumidores.

—¿Cuándo empezaste a ver este cambio?

—Desde 2010 para acá, pero lo vi más radicalmente el año pasado. En 2001, tras la marcha ‘masiva’, los periódicos decían: ‘Si los marihuanos salen a pedir que se legalice la marihuana, ya solo falta que los ladrones salgan a pedir que se legalice el robo’. Aparecíamos en la sección policiaca, luego, ya pasamos a la de cultura y después a la de política. Nuestros conceptos ya permearon a la prensa. El año pasado, un medio medio amarillista, decía después de una celebración que tuvimos el 20 de abril: ‘La comunidad cannábica se reunió a conmemorar el 4:20’. ¡Comunidad cannabica! Son nuestras palabras. A mí me parece un avance significativo.

—¿Cómo recuerdas el primer número de Cáñamo México?

—De lo primero de lo que hablamos es de cómo se generó este movimiento (para legalizar el cannabis), hablamos del cáñamo —una planta perteneciente a la cannabis— industrial. Presentamos una entrevista con Tito Fuentes de Molotov, que hablaba de su experiencia como consumidor y que fue el problema con Gobernación, porque no le gustó para nada el texto.

—¿Qué pasó con Gobernación?

—Como todas las revistas, tienes que llevar un número publicado a Gobernación para que te den un certificado de licitud y título, entonces cuando Gobernación ve esta entrevista con Tito de Molotov, donde él decía que había probado marihuana a los 13 años, pero que recomendaba que no la consumieran tan jóvenes, pues dicen que no va, porque según estábamos incitando al consumo, porque no decía que la marihuana es mala.

—¿Qué hicieron para seguir publicando?

Lo que hicimos fue recurrir a abogados y ahora estamos circulando amparados. Gobernación nunca cedió, pero los jueces nos han dado la razón hasta ahora. Nos dieron el amparo, pero bajo la premisa de que había parcialidad en la Comisión Calificadora de Publicaciones y Revistas Ilustradas (de Segob).

Nosotros condenamos la existencia de la Comisión Calificadora porque es como una censura previa a todo lo que se publica. Nosotros recurrimos otra vez (ante un juez) porque no solo es que haya parcialidad, sino que hay un ataque a nuestra libertad de expresión. Entonces un ministro ya tomó el proyecto y esperemos que suba a la primera o segunda sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN).

—¿Qué piensas del discurso de apertura que ha manejado el actual gobierno mexicano?

—Espero que hagan algo, pero no se le ve intenciones. Luego con su cartilla moral ahí diciendo que los tóxicos envenenan y destruyen (las facultades) humanas. Y su plan de seguridad dice que hay que desintoxicar y reinsertar a los que usan drogas. Hay varios discursos ahí que no entendemos nada. El Peje (Andrés Manuel López Obrador) ha salido a decir lo que todos los expresidentes dicen, que no hay que consumir drogas.

—¿Crees que se legalice la marihuana en este sexenio?

No es una cosa de creer, ¡lo vamos a hacer! Porque ya se dio a conocer un documento de la Suprema Corte de Justicia de la Nación donde ya integra la jurisprudencia, entonces ya se va a publicar eso. Y con eso es reconocer que todos los mexicanos tenemos ese derecho a cultivar y a consumir sin afectar a terceros y tampoco con fines de comercio.

—¿Por qué cultivar?

—Por muchas razones, creo que al comprar en el mercado negro no te permite saber cómo fue cautivada tu planta, dónde se almacenó, cómo se fertilizó, cómo se curó, es una cuestión de salud. La prohibición añade peligros y riesgos que la planta no tenía. Un consumidor que siembra, es un consumidor que deja de comprarle al mercado negro.