Para diciembre, cuando acabe el sexenio de Enrique Peña Nieto, en México habrán asesinado a 15 mil 16 niños y adolescentes, de acuerdo con proyecciones de la Secretaría Ejecutiva del Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes (SIPINNA) a las que mexico.com tuvo acceso.

Y de seguir la tendencia actual, durante los siguientes seis años (2019-2024) morirán en las mismas condiciones violentas otros 26 mil 824 menores de edad, esto es, 4 mil 470 al año o 12 cada día.

El mismo documento estima que, entre 2013 y 2018, recibieron atención hospitalaria casi 135 mil infantes a causa de lesiones por violencia, y proyecta que entre 2019 y 2024 la cifra se duplicará hasta alcanzar a los 276 mil.

“La violencia que sufren niñas, niños y adolescentes, en sus distintas formas de expresión, muestra una tendencia ascendente en los últimos 5 años. La violencia física se ha incrementado en un 85%, la psicológica en más del 500%, la violencia sexual en 270%, la económica en 363% y la generada por abandono o negligencia en casi 200%”, dice el informe del SIPINNA.

Juan Martin Pérez García, director ejecutivo de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM), considera que la estrategia de militarización implementada para combatir el crimen organizado ha metido al país en una espiral de violencia de la que ni los niños están a salvo.

“Una guerra necesita dinero, capacidad de fuego y soldados. ¿Esto qué significa? Que hemos duplicado el dinero al Ejército y a la Marina, tienen más efectivos militares, más armas y eso es un incentivo perverso para la guerra. Al estar confrontándose con los grupos del crimen organizado, estos también necesitan soldados y se ha dado un fenómeno terrible de reclutamiento forzado de adolescentes y personas jóvenes que son los primeros a los que matan.

“Si el próximo gobierno mantiene la estrategia de militarizar la lucha contra el crimen organizado seguiremos teniendo la misma cantidad de muertos porque es una guerra”, considera el experto.

Desde hace más de una década, REDIM ha analizado el fenómeno del homicidio de menores en el marco del combate contra el crimen organizado. Durante ese tiempo la organización civil ha observado un cambio en los patrones de asesinatos. Al inicio de esta lucha —que comenzó el expresidente Felipe Calderón a finales de 2006— los menores que perdían la vida eran víctimas del fuego cruzado entre organizaciones criminales o entre estas y las fuerzas públicas. Calderón los llamaría “daños colaterales”.

A partir de 2011, los grupos criminales comenzaron a matar niños y adolescentes para enviar mensajes a sus enemigos como “no te maté a ti, pero sí a tu familia”, explica el experto. Finalmente, hacia 2015 este grupo se volvió blanco de reclutamiento forzoso por parte de los grupos criminales para convertirlos en halcones y “soldados desechables”.

La impunidad también abona a este panorama desesperanzador. Las pocas sentencias, en general benévolas, se convierten en el mejor estímulo para que la vida literalmente no valga nada.

“La militarización es lo que ha ocasionado esta cantidad impresionante de muertos, tenemos que cambiar ya esa estrategia reconocida como fallida, regresar al Ejército de manera paulatina, fortalecer las policías y abatir la impunidad. De otra manera no hay posibilidad de que este escenario cambie”, sentencia el especialista.