La popularidad de la copa menstrual ha crecido en los centros urbanos mexicanos en los últimos cuatro o cinco años como una alternativa ecológica a las toallas sanitarias o a los tampones. Como un secreto a voces, la “copita” se ha apoderado de los ciclos menstruales de miles de mujeres mexicanas que predican sus ventajas con pleno convencimiento de haber encontrado el Grial.

Entre estas conversas se encuentran Steph Ferrera y Laia Cerqueda, creadoras de Ixchel Aradia, un programa social autogestionado para empoderar a las mujeres mexicanas a través del uso de la copa menstrual. “El proyecto nace sobre todo de nosotras usando la copa y de ver las ventajas que tiene para el cuerpo de la mujer y de la conciencia ecológica que ya teníamos y cómo nos fue transformando a nosotras mismas”, cuenta Steph Ferrera en entrevista.

Ixchel Aradia es un arma de doble filo, pero de una buena manera. Por un lado está enfocada en regalar copas menstruales a las mujeres de comunidades marginadas que no pueden tener acceso a ellas por cuestiones económicas. Por el otro busca ayudarlas a empoderarse a través de ciclos de conversación con sus pares y de adquisición de conocimiento sobre salud menstrual y sexual, además de impulsarlas a tomar acciones personales en beneficio del medio ambiente.

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Por fin tengo la mía #copamenstrual #IxchelAradia

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La idea es ayudar a derribar los muros que la sociedad ha construido alrededor de la menstruación y de otros temas de salud sexual femenina. “Cambia todos esos tabús”, agrega la bióloga catalana Laia Cerqueda, quien lleva cinco años viviendo en México y algunos más usando la copa menstrual.

Cerqueda se dio cuenta de que en este país la copa no es accesible para todos los sectores de la población, pues implica un gasto inicial de alrededor de 700 pesos. “Creíamos que era una alternativa que tenía que estar al alcance de todas las mujeres, porque es salud y ecología”, agrega. “Por eso decidimos hacer una copa social que sea accesible”.

Steph y Laia ya han llevado Ixchel Aradia a comunidades mazahuas en México y a otras comunidades indígenas en Guatemala. Allá además de la copa social se han enfocado en abrir espacios de conversación para aportar conocimientos sobre salud sexual y reproductiva a las mujeres con las que se encuentran. “La manera más importante de generar esta fuerza en las mujeres es dándoles un círculo con su familia y con sus amigas, que tengan el espacio donde puedan hablar de estas cosas, en donde puedan llegar y hablar de un tema que realmente no se toca de manera tan fácil en estas comunidades”, dice Ferrera.

Esta comunicación y apertura son para Ixchel Aradia herramientas igual o más importantes que la misma copa. “Cuando vemos las historias de nuestras mujeres cercanas y nos empezamos a reflejar en ellas es cuando empezamos a entender cómo funciona nuestro cuerpo, nuestro ser y empezamos a vivirlo de forma distinta”, agrega Steph.

El poder y libertad que vienen de la mano con el conocimiento tienen fines más amplios que el cuidado del medio ambiente. A través de Ixchel Aradia, estas dos mujeres buscan apoyar de manera integral a las comunidades a las que lleguen en cuanto logren los registros de su copa menstrual ante COFEPRIS y alcancen la meta que se han puesto en la plataforma Donadora para financiar la continuación del programa.

“Así podremos llevar el programa completo a comunidades indígenas o a espacios como cárceles y centros juveniles”, afirma Laia. “Apoyar a todos los sectores de la población y generar trabajo también creando economía solidaria y de apoyo mutuo entre mujeres. Si una mujer se empodera entendiendo esa parte, hay muchas violencias de género que ya no van a entrar”, concluye.