Adjetivar no es argumentar. Pegarle una etiqueta a un individuo, un programa o una idea no equivale a explicar por qué ese individuo carece de las habilidades para ejercer un puesto, por qué ese programa no produce los resultados esperados o por qué esa idea es equivocada. De hecho, es lo contrario. Es saltarse el camino del razonamiento, tomar un atajo hacia una conclusión elegida de antemano sin haber seguido la ruta completa que justificaría haber desembocado en ella. Es apelar al poder del prejuicio para ahorrarse el esfuerzo de pensar. Puede ser, incluso, algo peor: utilizar el descrédito de un término para cometer una injusticia.

La 4T ha sido muy dada a esa lógica con el adjetivo “neoliberal”. Durante las últimas semanas han ocurrido varios episodios ilustrativos en ese sentido. Me detengo no necesariamente en el más importante sino en el que me parece que pasó más desapercibido en medios de comunicación y redes sociales. El nuevo director del Fondo de Cultura Económica anunció un vuelco radical en El Trimestre Económico, la emblemática revista fundada por Daniel Cosío Villegas y Eduardo Villaseñor que esa casa editorial ha publicado ininterrumpidamente desde la década de 1930.

El video completo del anuncio puede verse aquí. Si no fuera porque anticipa la destrucción de un patrimonio editorial y académico de México, tendría su gracia.

Taibo advierte muy seguro de sí mismo que la revista ha sido “portadora del proyecto neoliberal” y que por eso hay que darle “un giro de 180 grados”. Pero un vistazo a su consejo dictaminador arroja los nombres de Raymundo Campos, Enrique Cásares, Gonzalo Castañeda, Sara Gabriela Castellanos, Gerardo Esquivel, Fausto Hernández, Juan Carlos Moreno Brid, Antonio Noriega Muro, Martín Puchet, Enrique Seira y Graciela Teruel, once economistas de primer nivel entre los cuales si acaso un par podrían ser considerados como neoliberales. Más aún, una revisión de sus contenidos indica que si la revista ha sido “portadora” de algo durante las últimas décadas es, más bien, de investigación económica de gran calidad y en buena medida crítica de las políticas neoliberales.

Julio Boltvinik, integrante de la nueva dirección colectiva del Trimestre, acusa que el neoliberalismo es “autista” porque “no se comunica con la realidad”. Y mientras afirma que la revista ha publicado “casi exclusivamente pensamiento neoliberal”, desfilan junto a su rostro portadas del Trimestre con nombres como Rolando Cordera, Arturo M. Fernández, Francisco Gil Díaz, Nora Lustig, Graciela Márquez, José Antonio Ocampo, Guillermo O’Donnell, Jaime Ros, Clemente Ruíz Durán, Rosemary Thorp y Osvaldo Sunkel, entre otros. Un grupo que es “casi exclusivamente” (el casi es por Fernández y Gil Díaz) lo opuesto de lo que sostiene Boltvinik: no neoliberal.

El colmo del absurdo ocurre cuando Boltvinik reconoce que el Trimestre es “la revista económica en español con más prestigio en el mundo”. Porque en eso no se equivoca. La tendencia de las revistas especializadas en América Latina y España es editar cada vez más en inglés, y menos en español o portugués. El Trimestre es la revista de economía, econometría y finanzas mejor clasificada en los índices internacionales de las que todavía se editan completamente en español. Y en la que compiten por publicar no solo mexicanos sino economistas de todo el mundo.

Para un gobierno crítico del neoliberalismo y de orientación nacionalista El Trimestre Económico tendría que haber sido una fuente de conocimiento, una prenda de orgullo, un legado que preservar y promover —no un experimento para improvisar giros de 180 grados. Pero Taibo y la nueva dirección del Trimestre confunden ideología neoliberal con rigor científico. Así, con los cambios que han decretado, no gana la causa contraria al neoliberalismo. Gana la ignorancia.