El perdón propuesto por el presidente, Andrés Manuel López Obrador, para ex directivos de Pemex por el robo de hidrocarburos durante los últimos tres sexenios, podría dejar en la impunidad a la delincuencia de cuello blanco, así como a carteles del narcotráfico y también al sindicato de Pemex encabezado por Carlos Romero Deschamps.

En la conferencia de prensa del pasado 28 de diciembre, López Obrador explicó que 80% del robo de combustibles se hizo dentro de Pemex con la colaboración de empleados de la paraestatal. Sin embargo, dijo que actuar contra los ex directores sería una persecución de “chivos expiatorios”.

Coloquialmente, la expresión “chivo expiatorio” significa que una persona asuma la responsabilidad de algo que probablemente no hizo o, en su caso, ocupa un puesto en el que puede ser sacrificable por quienes mandan. En realidad, la frase proviene de una de las celebraciones más importantes de la religión judía: el Día de la Expiación.

Los judíos sacrificaban a dos machos cabríos: a uno de ellos lo mataban para que su sangre sirviera para perdonar los pecados del pueblo de Israel y, al otro, lo abandonaban a su suerte en el desierto como símbolo de reconciliación con Azazel (un ángel caído).

López Obrador uso la frase “chivos expiatorios” para explicar que castigar a los ex directores de Pemex sería como sacrificar a unos cuantos, a los más débiles en las cadenas de corrupción cuando los responsables estuvieron incluso dentro de la residencia oficial de Los Pinos.

“¿Ustedes creen que un director de Pemex actuó, en el caso de que se cometiera un ilícito, por su cuenta? En el país y, esto debe quedar muy claro, un negocio jugoso siempre llevaba el visto bueno del presidente. Lo mismo pasaba en los estados. Ya basta de hipocresía: ¿para qué echarle la culpa solo al Secretario de Obras?”, acusó.

En el robo de hidrocarburos –como en todos los delitos relacionados con la corrupción– los implicados trabajan en redes. No hay “chivos expiatorios”, se trata de cómplices. Cada uno de ellos desempeña una tarea. Tan responsables fueron quienes se llevaron las tajadas más grandes como los personeros que recibieron menos dinero. Los de arriba y los de abajo robaron recursos públicos.

En la misma conferencia de prensa, López Obrador expresó lo siguiente: “(…) Puros chivos expiatorios y se han dedicado a saquear los de arriba. La corrupción en nuestro país era parte del sistema. El gobierno funcionaba a partir de la corrupción, era un facilitador de la corrupción, era su función principal, facilitar el saqueo”.

La corrupción es sistémica. Pero en este caso, no se trata de perseguir únicamente a personajes de menor jerarquía. Ser selectivos, enjuiciar solo a los de arriba, no desmantela las redes de sobornos. En Pemex hubo incluso delincuencia organizada: Los Zetas y el Cártel de Sinaloa.

En el juicio contra Joaquín Guzmán Loera en una Corte Federal de Nueva York, uno de los personajes más destacados en la generación conocida como “narco juniors”, Jesús Vicente Zambada alias “El Vicentillo” reveló que representantes de políticos y de Pemex se reunieron con El Chapo para usar una nave oficial para trasladar 100 toneladas de cocaína, pero no sabe qué sucedió porque fue atrapado poco tiempo después.

Esto es una muestra de la infiltración del Cártel de Sinaloa en la paraestatal. Los involucrados –“El Vicentillo” no identificó quiénes– participaron como cómplices. Bajo ninguna circunstancia se les podría considerar “chivos expiatorios”. Todos tienen responsabilidades.

En el robo de hidrocarburos tampoco hay “chivos expiatorios”. Una investigación de la periodista Ana Lilia Pérez, publicada recientemente en la revista Proceso (número 2200), describe cómo están involucrados funcionarios de Pemex, trabajadores sindicalizados, militares, marinos, policías, contratistas y dueños de gasolineras.

Las redes operan en las tres modalidades de robo: vía marítima, en las refinerías y a través de tomas clandestinas. En la misma hipótesis delineada por López Obrador no únicamente operan los de arriba –los ex presidentes de México–, también están relacionados otros personajes que no necesariamente ocupan en el último eslabón.

Cuando hay robos de combustible por mar han participado barcos de Pemex y naves pesqueras, trabajadores en la refinería de Ciudad Madero, contratistas, marinos y personal de la capitanía de puerto.

Por tierra, en las refinerías, hay checadores, operadores de bombas, dueños de gasolineras y empleados de la paraestatal trabajando con facturas dobles o apócrifas.

En cuanto a las tomas clandestinas hay jefes de operaciones, de mantenimiento, ingenieros, supervisores, encargados de estaciones de bombeo, encargados de instrumentos y controles, técnicos y especialistas en perforación, además de lo dueños de gasolineras en todo el país.

Tanto en las tomas clandestinas como en el robo por mar está documentada y, sobre todo, investigada por la Procuraduría General de la República (PGR) y el propio Ejército, la participación del cartel de Los Zetas. Ellos no son “chivos expiatorios”.

Una mezcla entre servidores públicos, delincuencia de cuello blanco (empresarios) y narcotráfico. Nadie ahí será inocente si las autoridades desmantelan esas redes. El miembro de mayor jerarquía tiene responsabilidades y, desde luego, los de abajo también.

No sólo cortando las cabezas de los ex presidentes de México se desmantelan las redes de corrupción como lo ha sugerido López Obrador. En caso de comprobarse, los cómplices quedarán de pie, impunes.

Cuando López Obrador dijo que las cárceles serían insuficientes para tantos pillos podría tener razón. No obstante, si recuperaran el dinero, incautaran cuentas bancarias y remataran los bienes habría recursos para un gobierno que los necesita para el desarrollo de sus programas sociales.

Ha sido un acierto dejar 58 instalaciones de Pemex a cargo de 4 mil soldados y marinos. El líder sindical, Carlos Romero Deschamps ya fue notificado que sus trabajadores quedarán al margen de las maniobras para impedir el robo de hidrocarburos.

Fue un aviso para que no roben más. Romero Deschamps, los líderes sindicales y los trabajadores que se llenaron los bolsillos librarán la cárcel. Los ex funcionarios gozarán de sus ganancias. Los Zetas quizá buscarán otras formas de financiamiento.

Y en medio quedó la gente, desconcertada, buscando llenar los tanques de sus automóviles. “Desabasto de gasolinas, por el nuevo combate al huachicoleo”, tituló el diario Milenio su portada el pasado sábado 4 de enero. López Obrador dijo que este problema obedeció a que la distribución se hizo por pipas y no por ductos para evitar el robo.

El presidente pidió “comprensión” y también llamó a las empresas que compraban combustible robado a que se porten bien:

“Reitero, que nos ayuden todos a no comprar nada robado, en este caso, combustibles. A los ciudadanos, a las empresas, porque se daba el caso de que las empresas constructoras se abastecían de gasolina o de diésel robado. Hay casos que se conocen, que son casi de dominio público, entonces pedirles a todos que ya nadie compre gasolina o combustible robado, que todos nos portemos bien, que todos ayudemos”.

La Unidad de Inteligencia Financiera de Hacienda presentó una denuncia contra una sola persona por lavado de dinero relacionado con la compra-venta ilegal de hidrocarburos por 80 millones de pesos. Los dueños de gasolineras y quienes surtieron ilícitamente ese combustible estarán tranquilos, mientras sigan siendo considerados como “chivos expiatorios”.