Esta vez no puedo ser el de siempre. No te veo como la burla de cada torneo. Intento pensar en odiarte tanto como a Pumas o en querer ganarte tanto como a las Chivas, pero reconozco que te has ganado mi respeto. Que te mereces que te tome en serio. Que reconozca lo que has hecho. Que te vea como un gran rival más que como el hazmerreír que casi siempre has sido. Esta vez te creo. Sé que me puedes ganar. Sé incluso que te lo mereces.

Ya sé que estoy rompiendo códigos del futbol. Que en esta época de linchamientos sociales y agresiones físicas no se ve bien que el aficionado a un equipo salga a elogiar a otro. Ya sé que en esta época en que a la virilidad se le ha pedido controlar su euforia y su esencia primitiva, el futbol es ese espacio en el que aún mandamos a la chingada por sistema. O estás conmigo o estás con los otros. Aunque la pelota se manche, aunque la pelota sufra. Como el Clásico argentino que acabó transformado en el clásico de nadie. O como el periodismo deportivo que muere enterrado entre memes, descalificaciones y pendejadas. O como las redes sociales donde lo políticamente correcto es una mamada a la que no tenemos por qué ceñirnos. Cualquiera es idiota, cualquiera es ignorante, cualquiera es estúpido. Y todo porque no comparte nuestro amor por unos colores.

Estoy consciente de que los míos me reclamarán. Que no faltarán los que digan que soy un chemo de clóset, un pinche maricón que no sabe de futbol. Me lo han dicho cuando he opinado sobre otros equipos. Pero también me lo han dicho cuando he intentado ser crítico de mi propio equipo. Tengo claro que no caeré bien. Que seré la vergüenza de los furibundos. Que me pedirán que me largue a decir pendejadas a otros lados. Que me quite para siempre la playera del América. Da igual. Tengo que decirlo. Para mí, has hecho más que el América para llevarte el título.

No te voy a negar que disfruté como nunca la final que te ganamos. Celebré y me reí de ti. Es más, me seguiría riendo de ti de no ser porque has hecho todo por cambiar tu historia. Aunque me duela, y aunque en su momento quise pensar que Miguel Herrera era el técnico ideal para el América y hasta para la Selección Mexicana, reconozco en Caixinha a un mejor técnico que el Piojo. Y en Peláez a un mejor directivo que Baños. Uno estudia, el otro grita. Uno es amigo del técnico. El otro llega por méritos profesionales. Tienes, es claro, un mejor proyecto deportivo que el del América.

Por años te mentí. Nunca fui capaz de reconocer frente a uno de los tuyos que el América, Moisés y yo tuvimos mucha suerte para ganarte. Sí fue cuestión de huevos (o de ovarios para ser incluyente), de espíritu, de gallardía. Pero también de suerte. Y a eso me aferro, a que el futbol no es de merecer. Por eso sé que el América puede volver a ganarte. Que puedo volver a saberme Campeón. Pero también sé que de aquí hasta que te ganes lo contrario tendrás mi respeto.

Te lo voy a decir, aunque ellos lo negarán. No soy el único americanista que siente que te mereces el título. Me lo han dicho amigos en pláticas de café. Me lo han dicho compañeros en la oficina. De algún modo, aunque vaya contra nuestras intereses, ahí donde siempre hay burlas y deseos de gloria hay un espacio para el reconocimiento del otro. Sí, el América es más grande que el Cruz Azul. Lo diré hasta la muerte. Pero este torneo, con este proyecto, con estos jugadores, con esta afición e incluso con estos directivos, ustedes son el más grande de los rivales.

Tanto nos atacamos en el futbol que a la cordialidad se le califica de cobardía. Si digo en un video que Cruz Azul es favorito, dicen que me estoy curando en salud. Que se me hace chiquito. Que ya no sea tan maricón. Por eso me escudo en las letras. Más prudentes, por lo general. Más reflexivas por naturaleza. Y acá te lo digo en confianza: tú deberías ser Campeón.

Y dado que pienso eso, ahora te diré lo que se siente. Esa noche que recuerdo como si fuera ayer, fuimos los amos del mundo. Levantar esa copa en medio del diluvio fue como besar a la mujer que amas sin que nada importe a tu alrededor. La lluvia acariciaba. Los abrazos daban energía. Los problemas de la vida eran una broma tan mala que ni siquiera nos acordábamos de ella. Esa noche me sigue haciendo llorar. Y ya descubrirás, porque tanto ha pasado desde la última vez que fuiste Campeón que quizás no lo recuerdes o que quizás ni siquiera la hayas vivido, que no hay momento más grande que ese que revives una y otra vez con las mismas lágrimas de emoción saliendo de tus ojos. El futbol construye fantasías, es uno de los grandes creadores de ciencia ficción. Incluso Emilio Azcárraga, tan afortunado en el dinero pero con la televisión abierta cada vez más en la obsolescencia, pudo sentirse el hombre más poderoso del mundo por levantar una copa por la que ni siquiera sudó. Tengo la certeza, como es posible que lo compruebes en próximos días, que ese momento en el que no jugué más que con el corazón será uno de los mini clips que veré en ese cortometraje antes de la muerte.

Sé también qué se siente ganarle a uno de tus más grandes rivales. Por eso también sé que tú nos necesitabas en la final. No hubiera sido lo mismo ganarle a Pumas. O a cualquier otro. Nos necesitabas aquí para que tu historia fuera tan grande como la espina que quieres sacarte. Sin nosotros, aún tendrías una cuenta pendiente. Con nosotros, si es que eres capaz de derrotarnos, juntarás cada una de tus frustraciones y las transformarás en una de las noches más memorables de tu vida.

Ahora lo sabes. Te quiero ganar. Pero si me toca perder, aceptaría que fuera contigo. Quiero que América sea Campeón. Pero también sé que la pelota es más grande que todo. Por eso reconozco que una parte de mí quiere que el futbol premie el mejor proyecto deportivo, reconozca la tenacidad y atienda el deseo de millones de aficionados que inundarían de lágrimas la cancha por puro amor al juego y a su equipo.

Cruzazulino, yo sé lo que se siente. Y aunque quiero ganarte, creo que tú también mereces saberlo.