En México de todo nos echamos un taco: de ojo, de lengua, de sesos y dicen que hasta de perro. En sentido literal y figurado. Somos másters del albur y del doble sentido, y aunque nos hagamos pato, me canso ganso que eso es una señal de que entendemos los juegos del significado.

Andrés Manuel empezó la Cuarta Transformación con un performance político, una serie de rituales de transición para acabar con la imagen del poder que quiere derrocar, el de la élite amurallada entre la riqueza. Para el nuevo gobierno los símbolos son cruciales. Abrió Los Pinos, que vieron los pies descalzos de un niño correr sobre el mármol, y se fueron las vallas del Palacio Nacional. La polémica ceremonia del bastón de mando hizo del Zócalo un espacio ritual masivo, que puso a mirar a miles de personas a los cuatro rumbos mientras alzaban las manos e invocaban a Ometéotl.

Es claro que para el nuevo gobierno existe una política del significado, pero hay símbolos que no terminan de caer. La imagen presidencial, que hace parte de la mística de la cuarta transformación no tiene a una sola mujer, está conformada por cinco próceres: El Siervo, El Padre, El Apóstol, El Benemérito y El Estadista. Así, en mayúsculas y en masculino. Una forma de contar la historia que al menos, en el panteón nacional, ya habíamos superado. Desde 2003 la entonces “Rotonda de los hombres ilustres” pasó a llamarse de las “Personas ilustres”.

Para Jesús Ramírez, vocero de Presidencia, “los símbolos no tienen género”. Pero en realidad su perspectiva es la que no tiene género, porque pensar en términos de igualdad de las mujeres no solo significa “incluir a las mujeres en el dibujito”, sino cuestionar qué estructuras de exclusión le han impedido a las mujeres volverse símbolos, ser consideradas como tales por la historia. E incluso qué limitaciones propias hacen que mujeres grandiosas no se consideren dignas de estar ahí.

Tenemos por primera vez en la Secretaria de Gobernación a una brillante ex Ministra de la Suprema Corte que elocuentemente defendió su postura a favor de la despenalización del aborto en la Feria Internacional del Libro hace unas semanas. Ocho mujeres más integran el Gabinete. Natalia Toledo, poeta juchiteca, se integró al equipo de cultura. Bien ahí. Pero no podemos bajar la guardia, las dimensiones del machismo se siguen manifestando en todas partes.

Paco Ignacio Taibo también dijo en la FIL “¡Sea como sea se las metimos doblada, camarada!” , para hacer alusión al proceso de modificación de la ley para hacer viable su nombramiento como director del Fondo de Cultura Económica. Meterla doblada significa forzar una penetración no consentida. Usó como metáfora una violación. Asociar un acto sexual forzado con el triunfo es el ejemplo más claro de la magnitud en que la cultura de la violación en México está normalizada.

Estos días circularon en redes sociales fotografías de una playera a la venta en la cadena de ropa “Cuidado con el perro” que celebra la cultura de la violación. ¿Esto qué significa? Que hace pasar por gracioso y divertido abusar sexualmente de una mujer. La playera, con textos en inglés e ilustraciones “amigables”, da consejos sobre cómo lograr tener sexo anteponiendo ante todo el deseo masculino y sin importar el consentimiento de la mujer.

“Sé insolente”, “Hazla tuya” y “No preguntes, sé un total pendejo” son algunos de los mensajes de la playera, que además ilustra una botella de alcohol y un paquete de pastillas que llama “Love pills”, haciendo pasar como cool la práctica de poner drogas a las mujeres en la bebida para que pierdan la consciencia y puedan abusar sexualmente de ellas.

Hay tanta basura en esta playera que ya no sé cuál es de sus mensajes es peor, pero hay dos que me parecen horribles. Primero “Hazla sentir segura”, porque da cuenta de que existe una consciencia clara de que nosotras sabemos que estamos en riesgo y que estamos más alertas, y el consejo entre machos entonces es propiciar una falsa sensación de seguridad que después va a ser usada en nuestra contra.

Segundo, “Ladykiller”, porque hay un juego de palabras tremendo que vuelve héroe al feminicida. Esta expresión es usada para referirse a un hombre como seductor o conquistador, un Don Juan; y la traducción literal que viene de la fusión de dos palabras es “el que mata mujeres”, en sentido figurado el que “las deja muertas”. Sí, tan problemático como suena en este país donde eso sucede, literalmente.

¿Saben qué tienen en común la expresión de Taibo y el mensaje de Cuidado con el Perro? Eso de ser “camarada”: la complicidad machista entre hombres, como si fueran integrantes de la misma pandilla universal que basa su amiguismo en poder abusar de las mujeres, en el poder de violar, de chingar, en darse consejos para hacerlo.

Este año la cifra de feminicidios diarios a nivel nacional subió de siete a nueve. La violencia contra las mujeres está presente en todos los ámbitos, en las tiendas de ropa y también en las expresiones de los dirigentes de la política. La forma letal de la violencia, el feminicidio, no está desvinculado de los llamados “micromachismos”: esas interacciones del día a día que en realidad, por pequeñas que sean, no son menos agresivas. Van construyendo capas de tolerancia hacia la violencia que se alimentan una a otra y habilitan un contexto donde la vida de las mujeres es considerada como algo menor.

Por eso hoy, que estamos presenciando una acción consciente de renovar los símbolos de lo que queremos desterrar de este país, como la corrupción y el enriquecimiento ilícito, también tenemos que hacerlo contra la violencia contra las mujeres. Es un acto político, un signo que marca el emprendimiento decidido de una transformación de género que necesitamos con urgencia.

En medio del discurso políticamente correcto que oímos todo el tiempo, se escurren estos lapsus que también dicen de fondo lo que la cultura cree, y que sigue siendo machista. La resistencia es ancestral y pervive. La Real Academia de la Lengua Española cambia con la tecnología, y “guasap” y “youtuber” ya tienen existencia en el panteón de la lengua, pero no así el lenguaje incluyente.

¿Cómo se deciden los lenguajes legítimos para expresar la existencia humana? Incluir o excluir es una decisión política. #NoSinNosotras, el hashtag que criticó la falta de mujeres en la imagen del nuevo gobierno, no solo hace referencia a esta exclusión. Desaparecer mujeres es un acto deliberado que impera en nuestro país, ante el cual AMLO también tiene que mandar mensajes políticos y simbólicos contundentes de que una Cuarta Transformación no es posible sin las mujeres.