Los estudios existen y son realmente impresionantes: se sabe que el 50.8% de los adolescentes transmasculinos de entre 11 y 19 años han intentado suicidarse al menos una vez, mientras que el 41.8% de los adolescentes no binarios, aquellos que no se identifican como exclusivamente hombres o exclusivamente mujeres, lo han hecho. El siguiente grupo con mayor riesgo son las personas transfemeninas, aquéllas nacidas varones pero se identificaron como mujeres, con un 29.9%, y los que cuestionaron su identidad de género, con un 27.9%.

“Nuestros hallazgos son sorprendentes”, dijo el líder del estudio, el doctor Russell Toomey, de la Universidad de Arizona en Tucson.

Tal vez sorprendentes para él o nosotros, pero no para las mamás de hijxs trans: sus hallazgos son cosas de todos los días en sus mentes y corazones; una epidemia que se cuela en cada pensamiento de sus, por otro lado, cotidianas actividades.

Quiero insistir en que estamos hablando de niños y niñas, vibrantes y complejos, que manifiestan una identidad de género distinta a la asignada por genitalidad desde una edad muy temprana, entre los 3 y 6 años. A partir de ese momento, y de decidir acompañar a sus hijxs en su identidad, estas madres dependen de la buena voluntad de los docentes o directivos de las escuelas para que sus hijxs sean llamados por sus nombres elegidos e incluidos en actividades tan simples pero importantes como el equipo de futbol.

O, por otro lado, deben enfrentarse a prejuicios y la discriminación de los docentes, de los compañeros y la falta de inclusión que lleva a muchos jóvenes trans a abandonar sus estudios o ser presionados a insertarse en el modelo binario que nuevamente los encasilla en lo que la sociedad “acepta” como “normal”, lo que abre la puerta a problemas de represión, bullying y abusos tan severos derivados de la discriminación, que encuentran en el suicidio una salida válida.

Los números no mienten, nos dicen que ya no podemos simplemente meterlo debajo de la alfombra, y a mí, personalmente, me devastan.

Las discusiones acerca de derechos trans me ponen mal porque estamos hablando de extender derechos humanos cuando los derechos no deben debatirse… porque son derechos, y en su misma naturaleza está ser universales e inalienables. Estos incluyen el derecho al desarrollo personal, al trato igualitario, al disfrute, a la educación, al acceso a la salud, al derecho a ser diferente, a la libertad de expresión y a la identidad (incluyendo la de género).

El mundo como lo conocemos está lamentablemente demasiado lejos de entender la angustia de estas madres, porque individuos se creen alejados de este tipo de “situaciones”, “desviaciones” y muchos más eufemismos; a ellos no puedo más que decirles que qué enorme su privilegio y su empatía selectiva, porque las familias de niños y niñas trans cargan esta realidad todos los días sobre sí mismas.

Mi experiencia (reciente, hay que decirlo) como amiga, pareja y aliada de personas trans no me permite dejar pasar oportunidades para mejorar la situación de estos niñxs y sus familias. Parte del por qué decidí participar de forma honoraria, apolítica y ciudadana en el ejercicio del Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México radica en estimular estos debates y abrir las tribunas de recintos históricos a las más íntimas pero también políticas realidades de los mexicanos. Esta oportunidad de hablar de necesidades que nadie quiere ver pero viven, respiran y crecen bajo los techos de inseguridad, confusión y limbos legales en los que no se les representa, son situaciones susceptibles de cambiar y, además, dignas de ser atendidas.

Las madres de hijxs trans son, personalmente, las mujeres más valientes que conozco; trabajan incansablemente para crear espacios donde niños y niñas trans compartan con sus pares actividades que aumenten su autoestima y la aceptación de un cuerpo, que cultural y biológicamente se les obliga a rechazar, además de ofrecer acompañamiento y contención emocional a otras familias con hijxs trans.

Lo único que quisiera lograr con mi involucramiento es que una madre no tenga de nuevo que ver a su hijx a los ojos y decirse a sí misma que esa persona increíble puede dejar de existir de un momento para otro, que no tenga que repetirse a sí misma que prefiere un hijo vivo, a una hija muerta porque, según los expertos, "probablemente están experimentando los más altos niveles de discriminación o victimización de parte de sus pares y de las comunidades, en función de su identidad de género".

Estas mamás merecen todo nuestro apoyo, respeto y admiración porque tienen entre sus brazos a personas extraordinarias, el potencial del mañana, en una situación de violencia y fragilidad que no les envidio para nada. Yo, como aliada, me encargaré de no fallarle a esta generación, a que las leyes que nos rigen no perpetúen la violencia de una sociedad sumida en el miedo y la ignorancia, y que les den un rayo de luz y anhelo a estas familias que lo merecen, por su arrojo y entereza, por defender a sus hijxs frente a todo, y decidir apoyarlxs cuando una comunidad entera les da la espalda generando marginación, criminalización y patologización.

Tenemos que hablar de estos temas incómodos para algunos, pero de vida o muerte para otros y es por eso que la iniciativa de reconocimiento de identidad de género autopercibida fue dictamianada y aprobada en el pleno del Parlamento de Mujeres el pasado 27 de abril. Con esta se abre una puerta mínima a la posibilidad de poder contar con actas de nacimiento para personas menores de edad que concuerden con su género, es decir, al corregir las emitidas al nacer para que reflejen esta diferencia, por la vía administrativa.

Este documento es, como sabemos, el único que una persona menor de 18 años posee en relación a su propia existencia, que lo identifica y representa, por lo que hacer posible la corrección sin necesidad de juicios, evaluaciones psiquiátricas y testigos significa reconocer los derechos, de nuevo, universales, de una población para la que algo tan simple como esto es lo que decide su destino.

El trabajo que realizamos, así, derivará en una sociedad más inclusiva, justa, equitativa e igualitaria que sin nuestra ayuda, no se hará realidad.

Por todo lo anterior, la inspiración que nos brindan y valentía que paso a paso despliegan, quiero desearles un excelente Día de las Madres a aquéllas mujeres, y familias enteras, dedicadas a demostrarnos día a día qué significa y cómo se vive el amor incondicional.

¡Feliz Día de las Madres!

*Jan de la Rosa es promotora y gestora cultural. Titular del Parlamento de Mujeres de la Ciudad de México en las comisiones de Cultura e Igualdad de género

@jandelarosa