En los últimos meses el gobierno entrante ha mostrado el estilo con el que gobernará, y que según sus propios voceros y representantes, estará asentado sobre la voluntad del pueblo y sobre lo que éste exprese en cuantas consultas sean necesarias.

Frente a este nuevo estilo, el sindicalismo nacional parece el primer huérfano de las pasadas administraciones: los trabajadores y sus líderes se encuentran frente a un cambio que obliga a su total transformación, y a una inevitable evolución.

El más reciente episodio fue la salida de Juan Díaz de la Torre del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE) y las distintas manifestaciones de grupos de maestros por ese motivo. Ante ello el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, respondió: “La línea es que no hay línea”.

Desde su creación, el SNTE ha carecido de democracia sindical y sus liderazgos fueron impuestos desde el máximo círculo de poder para servir a los propósitos del gobierno en turno. La misma historia tienen el Sindicato de Petroleros, la CTM y el de los burócratas.

Al gobierno le fueron convenientes organizaciones gremiales dóciles que, además de acatar órdenes, también sirvieran como maquinarias de promoción y de operación electoral.

En el momento en que líderes como Elba Esther Gordillo, Napoleón Gómez Urrutia, Carlos Jonguitud, o Joaquín Hernández Galicia –entre otros– se enfrentaron con el gobierno en turno, mermaron su poder e influencia. Y muchos terminaron en la cárcel.

El arranque de la cuarta transformación trajo de vuelta a Gordillo y a Gómez Urrutia, ambos acusados de fraudes multimillonarios contra sus propios agremiados, a los que dirigieron bajo procesos de elección muy cuestionados. Se convirtieron en una regla del sindicalismo nacional: líderes millonarios con trabajadores pobres. ¿Seguirá el sindicalismo bajo la misma regla en la cuarta transformación?

Por otro lado, las centrales obreras como el Congreso del Trabajo, la CTM y la CROC enfrentan un panorama de orfandad ante la derrota del PRI, y el nulo envío de un mensaje claro desde el gobierno de López Obrador. La única señal se encuentra en el nombramiento de la hija de un reconocido abogado laboral, quien se ha desempeñado como defensor del autodenominado “sindicalismo independiente”.

Será Luisa María Alcalde la encargada de determinar qué tipo de sindicalismo y organización obrera tendrá la cuarta transformación, pues hasta ahora la única referencia es el evento de toma de protesta del líder ferrocarrilero desde hace 29 años, Víctor Flores Morales, en donde Gómez Urrutia ofreció un discurso sobre “democracia sindical”. Así la ironía.

Hallazgos

Tras meses de permanecer incompleto, se abrieron las entrevistas para comisionados del Instituto de Acceso a la Información de la CDMX. Los expertos en la materia coinciden en que la convocatoria mejoró.

Sin embargo, prevalece la misma visión de mantener como un coto de poder al órgano de transparencia: Entre los aspirantes vuelven a participar ex comisionados sobre los cuales pesan denuncias penales por allanamiento e intento de usurpación de funciones, así como un contralor que carece de nombramiento en la institución pero que realiza esas funciones.

¿Y así quieren autonomía?