A finales de febrero, bajo la sombra de la catedral de CDMX, varias personas esperan frente a los módulos del programa Sí al desarme, sí a la paz. La primera es Leticia, quien prefiere no dar su apellido, y en su mochila negra lleva unos pocos cartuchos. El segundo, un señor mayor, no quiere ni hablar. El tercero, José Ángel Martínez, es taxista, tiene 27 años y lleva unos 7 mil cartuchos de calibre 22 en dos mochilas.

“Me enteré del programa por internet y yo tenía en casa estos cartuchos. Mi padre era militar y los dejó en casa antes de irse a vivir a otro estado. No sé ni cuánto van darme pero, ¿yo para que los quiero en casa?”, nos comenta y accede a que veamos cómo es su intercambio.

Martínez se levanta y acude al módulo del intercambio. Hay dos funcionarios de la Secretaría de Gobierno, dos policías, un militar y otras tres personas con un chaleco amarillo. Con ayuda de uno de los policías, comienza a vaciar sus dos mochilas y cuentan los cartuchos.

“En caso de que fuera un arma, se le entregaría al armero de Seguridad Pública, que la inspeccionaría para ver su estado, observaría que no hubiera un cartucho en la recámara. Una vez que nos han entregado el arma o los cartuchos, vemos el tabulador y qué monto tendríamos que darle. Si el señor está de acuerdo, se le entrega el dinero, se recepciona con la Secretaría de la Defensa Nacional y ellos destruyen lo que nos haya entregado”, nos explica uno de los policías.

El taxista prefiere no decirnos cuánto dinero recibió, pero de acuerdo con el tabulador, habrían sido unos 16 mil 800 pesos.

De 2013 a 2017, en el programa de canje de armas por dinero de CDMX, los ciudadanos entregaron 29 mil 700 armas de fuego, largas y cortas. En el mismo periodo, de acuerdo con información que suministraba la Procuraduría General de la República antes de cerrar su acceso al público, las fuerzas del orden incautaron en la capital 5 mil 767 armas.

Este 2019 la proporción se mantiene. Si en el primer mes de la nueva campaña canje de armas por dinero los chilangos entregaron 688 armas y 35 granadas, según datos proporcionados a mexico.com por el Gobierno de CDMX, en el primer mes del año se aseguraron 166 armas.

David Ramírez de Garay, coordinador del Programa de Seguridad de la organización México Evalúa, asegura que, mientras en todo el país se incautaron 40 mil armas en 2011, esta cifra bajó en 2017 hasta las 7 mil 300. “Es una diferencia muy impactante”, dice.

En el caso de CDMX, entre 2007 y 2012 se incautaron 90 mil 882 armas, cifra que baja hasta las 5 mil 767 armas al periodo entre 2013 y 2017.

“En los países donde se han hecho estudios que evalúan los efectos de este tipo de programas, muestran que no son muy efectivos para bajar el uso de armas de fuego. Lo que ocurre es que las armas que suelen intercambiarse son viejas o son de gente que no la iba a usar. Los que las necesitan es muy difícil que la cambien, es una cuestión de vida o muerte”, reflexiona.

Para Rosa Icela Rodríguez, secretaria de Gobierno de la Ciudad de México, la dependencia encargada en esta nueva fase del programa, llamado Sí al desarme, sí a la paz, el objetivo del programa es sacar armas de los hogares.

En CDMX, de acuerdo con la base de datos liberada por el Gobierno de la ciudad, entre 2013 y 2017 hubo 7 mil 106 lesiones por arma de fuego y 2 mil 840 homicidios por arma de fuego.

Ninguna de las armas recibidas en el programa se investiga para saber si pudo estar involucrada en un delito.

“El 95% de las armas que nos llegan lo hacen en buen estado, en estado funcional”, nos cuenta Rosa Icela Rodríguez. “La mayor parte de las personas que acude a donar armas son adultos mayores, madres y abuelas, que les quitan a los jóvenes las armas de fuego que podrían estar relacionadas con diversos hechos delictivos y las llevan a estos módulos que instalamos en las iglesias”, explica.

Considera que los atrios de los templos, siendo los mexicanos tan guadalupanos, son espacios seguros. La dotación económica para el programa en esta edición es de 20 millones de pesos. Llevan gastados poco más de 2 millones.

La entrega de armas continúa en pleno Zócalo. Si el arma es de fabricación casera, el precio a pagar va de los 24 (sí, 24 es el escalafón más bajo en la tabla de pagos) a los 600 pesos. Si es de gran calibre, como el cuerno de chivo que aseguran les llegó el día anterior, pueden llegar a pagar 16 mil 800 pesos. En cartuchos, lo más común que les entreguen, van de los 50 centavos a los seis pesos, dependiendo del calibre.

El programa es completamente anónimo. Se toman datos del arma como su número de serie, marca, calibre, modelo y, en caso de que tenga, su matrícula. De las personas, solo capturan información estadística, como la edad o su delegación.

En la mañana que pasamos en los módulos, llegaron con armas de fuego dos personas: un joven con un revólver negro y un hombre mayor con una carabina. Ninguno quiso ser entrevistado.

Al módulo de canje llega un chavo de playera roja, gorra azul y pantalones anchos, con los ojos protegidos detrás de unas gafas de sol. Se acerca al módulo, abre un carrito de mandado de tela azul y comienza a sacar cajas y cajas con cartuchos y cartuchos. Son 20 cajas grandes, cada una con 10 cajitas con 40 balas cada una. En total, 8 mil balas.

“¿Cuánto me pagarían?”, pregunta. El agente mira el tabulador y contesta que 2 pesos 40 centavos el cartucho. Mientras los agentes las vacían y cuentan, manda mensajes de texto en su celular, un modelo viejo sin pantalla táctil. Cuando casi han acabado, anuncia que mejor se los lleva y los vuelve a meter en su carrito azul, ante el fastidio de los policías.

—¿Por qué has decidido no dejar los cartuchos?

—Considero que el precio no es justo. Creo que los policías se pueden estar quedando dinero.

—¿Y de dónde has sacado tantas balas?

—No, eso no te lo digo. Por algo esto es anónimo.