A menos de 50 días de su inicio, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador ya enfrenta su primera crisis: el desabasto de gasolina.

El gobierno anunció un plan para frenar el robo de combustible, mejor conocido como ‘huachicoleo’, que ha costado al erario 60 mil millones de pesos anuales por el desvío de pipas y el surgimiento de tomas clandestinas.

Desde el arranque de su gestión, López Obrador ha posicionado este problema como uno de los más relevantes en seguridad, privilegiándolo en el discurso incluso sobre el narcotráfico.

Como solución se ordenó el cierre de ductos y la distribución de la gasolina se ha hecho mediante autotanques y transporte seguro, según información de Pemex.

Pero estas medidas han generado retraso en la distribución del combustible, largas filas en las gasolineras y compras de pánico.

De acuerdo con Carlos Bravo Regidor, analista y académico del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el desabasto y las compras de pánico son solo un reflejo de la mala logística detrás de la estrategia del gobierno federal.

“De entrada hay un problema logístico con la implementación de la política de combate al huachicoleo y hay un problema de comunicación respecto a la política, porque si lo hubieran planeado, habrían podido anticipar estos efectos”, aseguró en entrevista.

Andrés Manuel López Obrador aseguró el 6 de enero que las reservas de combustible son suficientes y que el desabasto se debe a la forma de transportación del combustible; sin embargo, horas más tarde, la secretaria de Energía, Rocío Nahle, aceptó errores en la estrategia.

“A la hora del cálculo no tuvimos la logística suficiente”, admitió la funcionaria en entrevista con Joaquín López Dóriga.

Este cambio de discurso, indicó Bravo Regidor, evidencia falta de planeación y de información.

“Hay muy poca información de calidad sobre las causas de lo que está ocurriendo, por lo menos ha habido tres explicaciones distintas y no se ha visto al gobierno sacar algo suficientemente sólido y bien explicado para calmar la ansiedad de los ciudadanos”.

Aunque al menos los estados de Jalisco, Hidalgo, Guanajuato, Querétaro, Estado de México, Puebla, Nuevo León y Michoacán reportan desabasto del combustible, es el caso de la Ciudad de México el que más llama la atención, pues además de ser la capital del país y el principal centro económico, es un bastión de López Obrador donde ha comenzado a percibirse desconfianza, consideró el académico.

“Eso ya es señal de que esto empieza adquirir una dimensión social porque las compras de pánico es una señal de desconfianza”, afirmó Bravo Regidor.

Para evitar que la crisis crezca, el gobierno federal debe tomar acciones encaminadas a los resultados, de acuerdo con el especialista.

“La gente no está confiando en lo que dice. Su palabra está perdiendo valor y credibilidad. Estamos en un momento en que las cosas se pueden salir de control muy rápido porque ya no es nada más el problema en sí de desabasto", aseguró.

La decisión del presidente también ha detonado el reclamo por parte de la oposición. Por ejemplo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) exigió que de inmediato se solucione el desabasto, “pero sobre todo, que se anuncien las acciones concretas para que este problema no ocurra de nuevo en el país”.

El Partido de la Revolución Democrática (PRD) criticó que en donde se registra el problema “son en su mayoría estados que no son gobernados por su partido, Morena”.

El Partido Acción Nacional (PAN), en voz de su líder nacional, Marko Cortés, criticó la estrategia de transporte para evitar el robo de gasolinas: “la incapacidad y malas decisiones de este gobierno federal nos generan costos económicos que terminamos pagando todos los ciudadanos”, difundió en un comunicado.

¿Qué puede hacer AMLO ante esta crisis?

“Lo primero que tiene que hacer el gobierno es decir la verdad, si hay o no hay desabasto, cuánto y cuál es su plan para enfrentarlo”, señaló Bravo Regidor.

Pese a las críticas, Andrés Manuel López Obrador aseguró no se arrepiente de la decisión porque, dijo, era necesario enviar un mensaje de mano dura contra el robo de combustible.

“Fue la mejor forma había que hacerlo. Nuestros adversarios cuestionan eso, que a lo mejor nos apresuramos, pero no, había que actuar y había que actuar porque había que dejar de manifiesto de que no se puede tolerar el robo y punto. Había que mandar este mensaje claro”, argumentó López Obrador en entrevista con El Financiero.

La mañana de este miércoles dijo que no va a ceder a las presiones.

“Sería fácil abrir los ductos y decir: ‘se normalizó ya la situación’, pero mantener a sabiendas el robo, es decir, aceptar, tolerar el robo. Eso no lo vamos a hacer, vamos a resistir todas las presiones que sean", sostuvo el presidente.