Pueden verse durante casi todo el día. Apoyadas en las paredes de la larga nave central de la estación Hidalgo. Se les acercan hombres, frecuentemente mayores, y platican un ratito. Hay dos posibles finales. El sujeto se va por donde ha venido o, tras un pequeño intercambio de dinero, salen juntos por el acceso del Metro. ¿Su destino más probable? Los múltiples moteles que hay en los alrededores.

De acuerdo con una base de datos elaborada por mexico.com con reportes internos de infracciones en el Metro de CDMX, de las apenas 17 faltas administrativas registradas por ejercer la prostitución entre enero 2012 y agosto de 2017, 13 fueron en la estación Hidalgo.

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Pero dentro, casi cualquier día, se ven mujeres como Angélica, bajita, morena, de dientes separados, quien ofrece su servicio por 150 pesos, más el costo del hotel.

Su forma de hablar es inconexa. Se entiende que había quedado con un cliente pero este la dejó plantada. Busca que su rato dentro del Metro no sea en balde. Dice que normalmente trabaja fuera, pero que a veces agarra clientes dentro, de entre las 18 mil personas que pasan al día por este cruce entre la línea 2 y la 3.

Esta dinámica se pudo observar otras tardes en la misma estación con otras mujeres, nunca más de cuatro o cinco a la vez. Puede que se acerquen los clientes o quizá ellas sean quienes hagan el primer contacto. Si hay trato, se ve un pequeño intercambio de dinero, discreto. Y salen de la estación.

Cada cierto tiempo, algún medio publica un reportaje sobre supuestas redes de prostitución. Graban a mujeres apoyadas en las paredes y hablan con una o dos para saber sus cobros. De hecho, tras la publicación el 5 de noviembre del último de este tipo de videos con cámara oculta por parte de UnoTv, la estación está custodiada por una decena de policías.

Cuando los oficiales se retiran, a eso de las 10 y media, entran en escena Angélica y una compañera.

“Fíjate que ese dato es viejo. Se llegó a dar (la prostitución), como lo mencionas, y en ese momento se instruyó reforzar la seguridad en la estación. Derivado de la nota (de Excélsior en marzo de 2017), la idea de la gerencia fue reforzar la presencia policial y logramos subsanar eso. Caso cerrado”, sentencia Enrique Sánchez, Gerente de Seguridad Institucional del suburbano.

Pero al observar las fechas de las 13 faltas administrativas por ejercer la prostitución dentro de la estación Hidalgo, es evidente que siete de ellas se pusieron menos de un mes después de la publicación la noticia citada. Parece, cuanto menos, que las autoridades reaccionan mediáticamente.

Para saber cómo inició el trabajo sexual dentro de la estación Hidalgo y cómo ha sido su evolución, buscamos a Kenya Cuevas, de 35 años. Mujer trans desde los 9 —dice—, es directora de la Casa de las Muñecas Tiresias, una AC que fundó en 2016, tras contemplar cómo asesinaban delante suya a Paola Ledezma, amiga y compañera sexoservidora.

“Yo trabajé en metro Hidalgo como hace 20 años. Era cuando, en el trabajo sexual, las mujeres trans vivíamos violencia extrema por parte de las autoridades. Solo por el hecho de ser mujer trans te ponían una falta administrativa. Entonces no podías transitar las calles sin miedo a las patrullas”, nos cuenta.

Kenya continúa. “Entonces, comenzamos a buscar un lugar donde pudiéramos ejercer el trabajo sexual. Y lo hicimos dentro del metro Hidalgo. Primero bajó una de nosotras y se lo fue contando al resto. Que se estaba mejor ahí, ya que éramos menos violentadas y el Metro es público. El trabajo lo realizábamos en los hoteles cercanos o en el último vagón. De ahí que comenzase a llamarse el ‘putivagón’”.

Relata que se bajaban a ese vagón y ahí mismo realizaban el servicio. “Ya te agachabas y decías: ‘con permiso’”. Luego se fue haciendo popular y acudieron hombres gays, que convirtieron ese lugar en un espacio de encuentro o cruising, donde tener relaciones sexuales esporádicas. Por ello, los trabajadores del Metro apodan a estos últimos vagones La Cajita Feliz.

“Antes éramos más de 20 chicas trabajando en el Metro, ahí paradas, esperando, cobrando y realizando el servicio ahí dentro. Ahora el trabajo sexual es mínimo y ya no se da dentro de los vagones”, asegura Kenya. Esto cuadra con los datos de las faltas administrativas, los recorridos realizados y otras conversaciones con activistas.

La activista asegura que antes de que las mujeres trans tomaran el espacio no había trabajo sexual dentro del Metro. ¿La razón de que comenzara ahí? Muy sencilla: la cercanía a la Alameda, una zona tradicional de trabajo sexual, donde ya estaban las mujeres trans que decidieron trabajar en el Metro por seguridad. “Por eso ahí específicamente. Como ya no podíamos en el exterior, buscamos una vía. Es como las ratas: si echas agua, van a donde sea”, explica.

Esta misma analogía la hace un vendedor ambulante que pasa sus jornadas dentro de la estación Hidalgo, cobrando 10 pesos por bolsas de gomitas y cacahuates. Tras comprobar que no le estamos grabando sin permiso, al estilo de los reportajes habituales en la estación, pide que no se cite su nombre.

“Mira, ahora porque salió en Twitter (la nota de UnoTv) y está lleno de policías, pero ellas siempre están aquí. Todos los días. Son pocas, cuatro o cinco, como gorditas, y basta con que te quedes parado para que se te acerquen. Lo que sí ocurre es que cuando llueve afuera se bajan muchas más, como las ratas”, dice.

Cerca suyo, Angélica sigue buscando un trabajo. Son casi las 12 de la noche y el Metro va a cerrar. No tiene suerte. Otra mujer de su misma edad y tipo físico, vestida entera de negro, lo ha logrado con el siguiente posible cliente que se le acerca. Sale a la calle acompañada de un hombre con una chamarra gruesa decorada con franjas naranjas.