El tamaño de la debacle del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la pasada jornada electoral se explica en ocho palabras: al sol azteca ni su barrio lo respalda.

En la elección para presidente de México, este instituto que cuenta con 5.3 millones de afiliados reunió apenas 1.6 millones de votos, según los resultados de los Cómputos Distritales. Suponiendo que todos esos sufragios fueron de militantes, en los hechos, 3.7 millones de perredistas o se quedaron en sus casas el 1 de julio, o apoyaron a otro candidato en la boleta, o bien... el padrón del partido está inflado.

En 31 de 32 entidades federativas, el partido de izquierda tuvo menos votos que militantes en sus filas, incluyendo aquellas que presumía como sus bastiones. En Michoacán, que gobierna Silvano Aureoles, el perredismo sumó 177 mil sufragios cuando su militancia en el estado consta de 338 mil personas. En el Morelos de Graco Ramírez, el número de perredistas supera casi ocho veces la cantidad de votos obtenidos y en el Tabasco de Arturo Núñez, la diferencia es de 4 a 1.

Y eso por no hablar de Ciudad de México, su gran enclave desde 1997, donde la derrota fue brutal. Habiendo gobernado ininterrumpidamente la capital por poco más de dos décadas y con un padrón de 1.3 millones de afiliados, apenas contabilizó 277 mil boletas en su apoyo. Es decir, más de un millón de ‘afiliados’ le dieron la espalda. En todos estos estados, el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena) aplastó al perredismo tanto en la elección presidencial como para gobernador. A nivel local, solo Michoacán se salvó… porque la gubernatura no estuvo en juego.

Para entender cómo es que fue minando la fuerza política del PRD hasta reducirlo a un cascarón nos acercamos a políticos que militaron en ese partido y a una especialista. Ellos coinciden en que son varias las razones de su debacle pero si tuviéramos que buscar el origen lo encontraríamos en el momento en que la dirigencia nacional pactó con el gobierno de Enrique Peña Nieto la aprobación de las reformas estructurales. “Yo creo que eso no pintó bien dentro de toda la dinámica que venía teniendo el PRD”, nos explica María del Carmen Nava, directora de la organización Visión Legislativa.

La irrupción de Morena a la escena política ya como partido en las elecciones de 2015 provocó un reacomodo de fuerzas en la izquierda mexicana. Desde entonces varios perredistas comenzaron a emigrar al partido encabezado por Andrés Manuel López Obrador por la afinidad ideológica que tenían con el tabasqueño.

Anaya, la gota que derramó el vaso

Óscar Cruz López es un político de izquierda originario de Juchitán de Zaragoza, Oaxaca. Su historia política se remonta a la fundación del movimiento social conocido como la COCEI (Coalición Obrero, Campesina, Estudiantil del Istmo) en la década de los setenta. En 1981, cuando el priismo acaparaba casi todos los puestos de elección popular, la COCEI se alzó con la victoria en la alcaldía de Juchitán, convirtiéndose así en la primera organización de izquierda en ganar una elección municipal.

Con la fundación del PRD, la mayoría de los miembros del COCEI —incluido Óscar— se adhirieron al nueva organización. Por las siglas del sol azteca, él llegó a ser alcalde de su municipio, diputado local y senador de la República; y al interior del partido tuvo cargos en el consejo nacional y el estatal. Pero el rumbo que tomó la dirigencia nacional, encabezada por el grupo de Los Chuchos (Jesús Ortega y Jesús Zambrano), obligó a Cruz a abandonar sus años de militancia en el perredismo para apoyar el movimiento de López Obrador.

“El apoyo a las reformas estructurales de Peña Nieto fue un dardo en el corazón del PRD del que ya no se pudo librar”, nos cuenta este político oaxaqueño. El acabose fue la definición de las candidaturas para este proceso electoral, en la que muchos perredistas vieron la unión con el PAN, de ideología de derecha, como una alianza aberrante.

“El nombramiento de (Ricardo) Anaya como candidato presidencial fue la gota que derramó el vaso. Si algunos todavía tenían el interés de permanecer dentro del PRD, apoyar a un candidato como Anaya hizo que lo poco que quedaba en el PRD lo abandonara”

Óscar Cruz, ex militante del PRD

Aunque muchos seguían oficialmente dentro del sol azteca, por la vía de los hechos trabajaron para el triunfo de Morena. Juchitán es un ejemplo ilustrativo de lo que pasó en todo el país. Con una larga tradición de izquierda, el municipio oaxaqueño había sido gobernado por el perredismo desde 1990, salvo por dos trienios en los que el PRI regresó.

En la elección para alcalde de 2016, el partido amarillo aún había logrado un apretado triunfo con 11 mil 610 votos frente a los 11 mil 273 que obtuvo el priismo. Pero en la elección de este año el PRD fue borrado por Morena: frente a 23 mil 946 votos que sumaron los morenistas, el perredismo no juntó ni dos mil. Como dato de contexto, en Juchitán el PRD tiene empadronados 12 mil 546 miembros.

“Los que gobernaban Juchitán, todos nos fuimos a Morena”, cuenta Óscar, quien se desempeñaba como secretario municipal del ayuntamiento. Y remata: “en el momento oportuno se le tuvo que cobrar la factura a los grupos dirigidos por Jesús Ortega”. El castigo fue contundente no solo en Juchitán sino en todo México.

Para este reportaje buscamos a Manuel Granados, dirigente nacional del PRD, quien declinó ser entrevistado y señaló que será hasta el miércoles que el instituto fije una postura oficial sobre lo que ocurrió el día de la elección.

Por ahora, solo el PRD de Ciudad de México, dirigido por Raúl Flores, ha expuesto en un comunicado las razones que ve tras su caída al precipicio, al menos en la capital. Pero más que un ejercicio de autocrítica por las decisiones tomadas desde las cúpulas, su escrito es más bien un reparto de culpas: a AMLO, a Miguel Ángel Mancera, a las “traiciones” internas y hasta al terremoto del 19S.

Padrón inflado y crisis de partido

Vidal Llerenas Morales dejó el PRD en 2015 para sumarse al proyecto de López Obrador. Ese año compitió por Morena para ganar un escaño en la Cámara de Diputados y ahora gobernará la delegación Azcapotzalco tras derrotar a la perredista Luisa Yanira Alpízar Castellanos. Para él, el hecho de que el sol azteca tuviera menos votos que afiliados no solo se debe al desencanto de la militancia sino al hecho de que su padrón está inflado.

“El que sea mucho mayor el padrón que el número de votos tiene que ver con ambas cosas: con que los padrones sí estaban inflados para ganar elecciones internas y que seguramente una buena cantidad de militantes del PRD votaron por Morena”

Vidal Llerenas, alcalde electo de Azcapotzalco

Óscar Cruz confirma la apreciación de Llerenas. “Ese padrón siempre fue muy cuestionado porque se fue elaborando a raíz de los distintos procesos electorales que se hacían en los estados. Entonces en ese momento se inflaban los padrones, había casos de gente que agarraba las listas de lo que era el IFE y prácticamente las vaciaba al padrón del PRD para tratar de demostrar una membresía en las regiones”, explica.

Para la politóloga María del Carmen Nava, otro elemento que sumó a la debacle del perredismo fue la crisis que se vivió en los partidos políticos tradicionales y la desconexión de la élite política con sus bases y la ciudadanía en general como sucedió con el gobierno de la CDMX tras el terremoto de septiembre pasado.

“El gran ejemplo de desconexión ciudadana del PRD y de su gobierno es querer construir un memorial cuando tienes a la gente sin casa y viviendo en las calles”

María del Carmen Nava, directora de Visión Legislativa

¿El ocaso del sol azteca?

De nada sirvió al PRD ser el segundo partido político con más militancia —solo por debajo del Partido Revolucionario Institucional (PRI)— al final obtuvo apenas el 2.83% de los sufragios para presidente: el peor resultado en toda su historia. De no ser porque su votación fue un poco más alta para senadores y diputados federales, el instituto que nació en 1989 hubiera perdido el registro.

Tras el descalabro electoral, algunas voces dentro del partido comienzan a hablar de una refundación como Rafael Hernández Soriano, diputado federal y uno de sus fundadores. Hay quienes van más allá y sugieren disolverlo para fundar uno nuevo, como el Senador electo Juan Manuel Zepeda.

Para Llerenas, el PRD ha quedado reducido a “un partido marginal” que seguramente buscará alianzas en las próximas elecciones locales que le permitan cuando menos conservar el registro, aunque ve complicada su supervivencia. Nava considera que el desenlace de esta historia es complicado de prever, aunque cree que el sol azteca sí tenderá a desaparecer.

Para Cruz, el futuro que se vislumbra para el perredismo “es el aniquilamiento” y da sus razones: “los dirigentes actuales del PRD son los mismos que liquidaron al Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional y lo van a liquidar igual como liquidaron a ese partido que tenía las mismas prácticas que últimamente trae el PRD, haciendo un papel más bien de comparsa en cualquier proceso electoral”. Por lo pronto, la salida de militantes parece no haber llegado aún a su final.