Con un puñado de historias de la Línea B del Metro de la CDMX bien se podría hacer un compilado de crónicas dignas de la nota roja: ambulantes que dan descargas eléctricas a policías, homicidios con arma de fuego, asaltos a mano armada, acosadores de mujeres, narcomenudeo… muchas caras del crimen en apenas 21 estaciones.

Son las 10 de la mañana del Día de Muertos y estamos por iniciar un recorrido a lo largo de este ramal de poco más de 20 kilómetros. El tren parte de la terminal en Ciudad Azteca, localizada en Ecatepec, Estado de México, uno de los más peligrosos del país. Con cierta razón le apodan ‘Ecaterror’.

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Habrá que recorrer ocho estaciones para salir de territorio mexiquense y adentrarnos en la capital. Ya en CDMX, el convoy cruzará el Barrio Bravo de Tepito y otras colonias con fama de inseguras como la Romero Rubio y Guerrero, para finalmente llegar a Buenavista.

Lo mejor es estar siempre alerta si nos atenemos a la estadística criminal. La línea B es la que más quejas de asaltos violentos y delitos contra la salud registró entre enero de 2012 y marzo de 2018 de las doce que conforman la red, según cifras de la Gerencia de Seguridad Institucional del Metro. También es la quinta con más robos sin violencia.

Aunque concentra el 9% de la afluencia, fue escenario de 33% de los 171 delitos contra la salud registrados en un lapso de seis años y tres meses, además del 15% de los mil 549 robos con violencia y el 9% de los 4 mil 79 cometidos sin violencia.

De acuerdo con Enrique Sánchez Altamirano, gerente de Seguridad Institucional, los robos con violencia al interior del Metro no se cometen con armas, incluso niega que se usen armas de fuego. En lo que respecta a delitos contra la salud, el funcionario indica que en su mayoría corresponden a eventos donde los usuarios son sometidos a una revisión preventiva y se les encuentran pequeños envoltorios de marihuana. Trabajadores del Metro entrevistados por mexico.com tienen otra visión menos optimista del fenómeno delictivo.

Ciudad Azteca es una terminal con 14 torniquetes de entrada custodiados por apenas dos policías, uno de los cuales parece estar más entretenido en la pantalla de su celular que en la gente que ingresa.

Ocho más vigilan el andén, lo que no impide a los ambulantes vender con toda libertad. Lo harán a lo largo de toda la línea ofreciendo comida, discos, artículos para celular… y para aprovechar la temporada, flores de cempasúchil y tatuajes de Halloween “no tóxicos y que no irritan”.

Hace un año, aproximadamente 15 vendedores de Ciudad Azteca golpearon a un policía en la cabeza y le dieron descargas eléctricas. Y esta es la estación con más vigilancia.

Un hombre delgado de bigote, de unos 40 años, inicia la vendimia antes de que arranque el convoy. “Para esos dolores musculares, para esas caídas, pomada Mariguanol. Diez pesos le vale, 10 pesos le cuesta”. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) prohibió el ungüento en marzo de 2017 por contener tetradicrocannabinol (THC), el principal psicoactivo del cannabis. Ningún policía se da cuenta, o si lo hace, prefiere ignorarlo.

Se escucha el sonido del tren anunciando el cierre de puertas. Comienza el viaje.

La pesadilla inicia en Ecatepec

Ecatepec es el segundo municipio más poblado de México. Miles de personas que viven aquí van a estudiar o trabajar a CDMX. Las primeras ocho estaciones que recorremos se encuentran justamente en esta demarcación.

Llegamos a Plaza Aragón y luego a Olímpica, donde el 23 de octubre de 2017 ocurrió un operativo del Ejército mexicano y la policía del Estado de México dentro de los andenes de la estación.

En respuesta a solicitudes de transparencia, todas las dependencias involucradas reconocieron la presencia de los soldados pero se contradicen en los motivos. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) indicó que su personal acudió en apoyo de la Policía Federal “para atender una denuncia ciudadana que involucraba a una persona del sexo masculino, la cual se introdujo” en el sistema de transporte.

Las autoridades del Estado de México, por su lado, lo atribuyeron a un dispositivo conjunto de seguridad “con el efecto de prevenir y combatir el fenómeno delictivo” en la avenida Carlos Hank González sobre la que corre la línea.

Fue el Metro el que ofreció la respuesta más... digamos, pragmática. Para Marco Antonio Muñoz, entonces gerente de Seguridad Institucional, los militares simplemente usaron las instalaciones “para cruzar hacia el otro extremo de la avenida”. Cualquiera que conoce la estación sabe que no es necesario bajar hasta el andén para llegar al otro lado de la vialidad, a menos claro, que quieras pagar un viaje que no vas a utilizar.

María —nombre ficticio para proteger su identidad— forma parte del personal operativo de la línea B. Ella nos cuenta que los soldados han ingresado en más de una ocasión a revisar las estaciones que se encuentran en Ecatepec, siempre entre 6 y 8 de la mañana.

Además de poblado, Ecatepec es el municipio más inseguro. De acuerdo con el Inegi, 96% de su población no vive segura. Y dentro del Metro, la mayoría de los reportes en la línea B por delitos contra la salud, consumo de ‘hierba verde’ y solventes, agresiones físicas, alteración del orden y acoso sexual se concentra en el tramo de esta demarcación.

Llegamos a Múzquiz, donde el 31 de enero del año pasado asesinaron a balazos a un joven tras resistirse a un asalto en uno de los pasillos de acceso a la estación. Y en Nezahualcóyotl, frente a uno de los accesos, un hombre murió de cuatro disparos el pasado 13 de junio. Esta es la última parada antes de cruzar a la Ciudad de México.

Hace un año, en plena celebración de la Revolución Mexicana, el portal Denuncia Ecatepec informó de un asalto en esta estación donde cerca de 40 personas fueron despojadas de sus carteras y celulares por tres hombres armados. Las autoridades del Metro negaron el hecho.

Efraín lleva más de 20 años trabajando en el área de vigilancia del este sistema de transporte (cambiamos su nombre para garantizar su seguridad). En su experiencia, los robos con arma de fuego sí llegan a ocurrir aunque son esporádicos. El carterismo para él es el pan de cada día.

Mientras tanto, María alerta que los asaltos con armas actualmente ocurren en los vagones de mujeres, después de las 8 de la noche, principalmente en el trayecto que va de Tepito a Flores Magón, ya dentro de CDMX.

Tepito sin controles

La primera estación que ya está del lado de la capital es Villa de Aragón. En noviembre de 2017 un sujeto eyaculó sobre la pantorrilla de una joven de 19 años.

Seguimos más adelante hasta llegar a Romero Rubio, donde hace casi un año un hombre recibió un disparo en la cabeza ¡a bordo del tren! De acuerdo con Jorge Gaviño, entonces director del Metro, la víctima y los agresores formaban parte “de una banda dedicada al narcomenudeo”.

Tras cruzar otras cuatro estaciones llegamos a Tepito, el centro de operaciones del cártel que lleva el mismo nombre. En 2016, un reportaje del portal La Silla Rota denunció que las organizaciones criminales que controlan el Barrio Bravo movían la droga a través de la red del Metro para comercializarla en otros puntos de la ciudad.

El mismo año el diario Reforma publicó una historia similar, aunque Enrique Sánchez niega que esto suceda dentro del sistema de transporte. “Con toda certeza te puedo decir que no tenemos ningún caso de este tipo”, dice.

Hablando de drogas, Efraín nos comparte una experiencia que vivió hace un par de años.

“En el trayecto de Morelos a San Lázaro nos vocearon para ir a auxiliar a un tren porque se venían peleando unos chavos… a la hora de asegurarlos uno de ellos traía mota, te estoy hablando de cinco kilos de mota, una pinche bolsota negra que dices ‘este güey se fue de compras a Tepito’”, cuenta el trabajador, aunque asegura que es rara la vez que ocurren hallazgos de tal magnitud.

Bajamos del tren para saber qué tan fácil es entrar con mercancía ilegal a esta estación y en realidad es muy sencillo. Para cuidar sus cuatro entradas solo vemos a tres policías. En el acceso sin vigilancia dos jóvenes aprovechan para pasar por debajo de los torniquetes y así no pagar el viaje. Tampoco hay oficiales al interior de los andenes.

Esta estación es de las pocas que cuenta con arcos detectores de metal y máquinas de rayos X para revisar las mochilas de los usuarios. Entre 2010 y 2013 el Metro adquirió 39 equipos, dos de los cuales se colocaron en Tepito. Los dos siguen allí… como piezas de adorno a las que nadie hace caso. Los pasajeros pasan a un lado con son sus enormes maletas, bolsas negras y hasta cajas de cartón.

Un equipo colocado en la siguiente estación, que es Lagunilla, corre con la misma suerte. Hace apenas tres meses, una mujer de 63 años cayó a las vías de esta estación al forcejear con dos hombres que intentaban quitarle su celular y murió arrollada por el convoy.

Sánchez nos explica que en las 195 estaciones del Metro se llevan a cabo revisiones aleatorias de mochilas con equipos conocidos como Garrett que escanean y detectan metal. Sin embargo, durante todo nuestro recorrido por la línea B nunca vimos que algún policía hiciera uso de estos aparatos.

Muchos delitos, poca seguridad

Tras Lagunilla, cruzamos Garibaldi y Guerrero y finalmente llegamos a Buenavista. En la terminal, un policía revisa todos los vagones para que ninguna persona quede a bordo del tren y otros tres cuidan los torniquetes de entrada y salida. No hay más oficiales a la vista.

Salvo Ciudad Azteca, la presencia policiaca en cada estación de nuestro recorrido fue casi imperceptible.

El Metro contrata a la Policía Auxiliar de CDMX para cuidar ocho de sus 12 líneas, entre ellas la B. Las cuatro restantes son vigiladas por elementos de la Policía Bancaria Industrial.

“El personal que tenemos de la policía auxiliar es el mínimo”, señala María. Ella denuncia que debería haber seis policías por estación pero nunca llegan todos. “Hay veces que en una parada hay solo dos”.

De acuerdo con información obtenida por Transparencia, el Metro cuenta actualmente con 3 mil 627 policías auxiliares y mil 883 de la bancaria para cuidar toda la red. Estos, puntualiza, “son asignados por estación y proporcionalmente al número de accesos de cada una de ellas, que en promedio es de tres a cuatro elementos”.

Cámaras sí hay, pero solo en los extremos de cada andén y no hay garantía de que funcionen. En respuesta a una solicitud de información de finales de 2017, el Metro reconoció que 36% de sus 4 mil cámaras presentaba fallas.

Terminamos el viaje y por fortuna no formamos parte de la estadística de víctimas de esta línea. Habrá quien hoy no haya corrido con la misma suerte.