Carlos salió la noche del jueves con sus amigos a un bar de la colonia Condesa donde estuvieron hasta las 3 de la mañana. Para volver a casa pidió un Uber. El primer conductor canceló el viaje, el segundo también. Cuando solicitó una tercera unidad, el conductor llegó enseguida. Le ofreció agua y le notificó que iniciaba su viaje.

El estudiante de Economía —cuyo nombre fue cambiado por seguridad— recargó su cabeza en el vidrio de la ventanilla y cerró los ojos. Después de unos minutos, escuchó un golpe que lo sacó de su letargo: se abrieron las puertas del auto.

“¡Ya valiste madres! ¡No hagas ninguna pendejada! ¡Si no, te va a cargar la chingada! ¡Tú quietecito y ni te muevas! ¡No voltees a ver a nadie si me dejas de ver a mí, te va a cargar la....", lo amenazó el asaltante que ya estaba en el lugar del copiloto.

El joven se alarmó y ofreció darles su dinero y su teléfono. Lo trajeron dando vueltas por la ciudad, le exigieron su cartera, los números de sus tarjetas de crédito y la clave para desbloquear su celular.

“Por error, digito la clave de mi NIP en lugar de la del iPhone. Les marca error y de inmediato me dio con la cacha en el pómulo derecho. Y el que estaba a mi lado comenzó a darme de puños”, relata Carlos a unos días del asalto.

-Denme chance, me equivoqué. Es que ese NIP que puse es el de las tarjetas, no es el del celular.

-Está bien. Si la vuelves a cagar, te carga la chingada, dijo el hombre armado y cortó cartucho apuntando a su cabeza.

Finalmente el teléfono se desbloqueó.

-Muy bien, así me gusta.

Cuando vieron que no tenían nada más que robarle, lo dejaron bajar del Uber cerca del Metro Observatorio.

“Bájate, no voltees, no hagas ningún movimiento brusco porque si no... te estamos viendo y, si haces algo más, te va a cargar la chingada”, fue la amenaza.

Una vez fuera del Uber, Carlos sólo pensó en correr. Anduvo entre las calles de un lugar que nunca había visto hasta que llegó una gasolinería. El empleado le dijo que no podía ayudarlo pero que había un botón de pánico en el poste al cual respondía la policía.

Cuando llegaron los oficiales, le dijeron que su caso “no iba a proceder” porque no recordaba las placas del auto en el que lo secuestraron. Además, le dijeron que no podían llevarlo a su casa porque quedaba fuera de su jurisdicción.

“Yo no sabía ni dónde estaba”, comenta Carlos.

Los policías lo llevaron en su patrulla al Metro Observatorio y le dieron 10 pesos para que pudiera comprar un boleto. Tuvo que esperar a que abriera el servicio y en el camino pidió prestado un teléfono para llamarle a su mamá.

Uber responde... por mail

Cuando Carlos regresó a su casa, canceló sus tarjetas y contactó a Uber. Lo primero que hizo fue pedir que cancelaran su cuenta para evitar que hicieran mal uso de la aplicación en su teléfono y después pidió a la empresa que le diera los datos del conductor.

Al dar de baja la aplicación, la víctima perdió el dato de las placas de su conductor, por lo que se lo pidió a la empresa.

“No me han llamado. Literalmente se desentendieron y me dijeron que si necesito información del conductor la tiene que pedir la Policía”, comenta Carlos.

Durante cinco días ha intercambiado al menos 10 correos del área de soporte de Uber con mensajes como éstos:

“...es importante contactarnos contigo para que nos brindes detalles del incidente, hemos tratado de contactar al número +52 *******, sin embargo no ha sido posible".

Carlos asegura no haber recibido ninguna llamada de la compañía.

“Adicionalmente te comento que las autoridades pueden hacernos llegar la petición de los datos que requieran para el seguimiento de tu caso a través de la siguiente dirección de correo electrónico: lert@uber.com

"La respuesta a las autoridades se realizará exclusivamente a través de ese correo.

“Quedamos atentos a tu respuesta”, concluye el mensaje enviado esta vez por “Jocelyn”. Porque en cada correo aparece un nombre distinto como: Ariel, Fanny, Gabriel, Joshua, Toni, Martin M., Fernanda C.

Carlos no sabe si el conductor de Uber estaba involucrado, pero sospecha de él porque el conductor canceló el viaje justo cuando fue liberado del secuestro exprés, según consta en la factura que recibió del viaje.

“Nunca lo amenazaron, nunca lo golpearon, nunca le dieron indicaciones, él manejaba con toda tranquilidad como si supiera a donde se dirigía”, relata Carlos.

Las cámaras de CDMX

El usuario de Uber tiene urgencia por ubicar las placas del auto donde sufrió el secuestro exprés porque las grabaciones solo se mantienen accesibles por unos días y esos datos son esenciales para ubicar la ruta del vehículo el día del delito.

Al intentar presentar su denuncia de hechos —de la cual mexico.com tiene una copia—, Carlos visitó dos ministerios públicos en Cuauhtémoc, donde le dijeron que tenía que ir a Azcapotzalco porque su caso era un secuestro exprés.

La Fiscalía Especial de Investigación para la Atención del Delito de Secuestro, denominada Fuerza Antisecuestro (FAS), tomó su declaración, le ofreció atención médica e inició una averiguación.

Los cargos a sus tarjetas de crédito indican pagos en gasolineras y tiendas de conveniencia. Pero logró aclararlo con los bancos.

Sin embargo, no cuentan con los datos esenciales de todo usuario de Uber para poder rastrear el auto y citar a declarar al conductor por haber estado en los hechos.

Uber, Cabify y la falsa publicidad de seguridad

Las empresas Uber y Cabify además de Easy Taxi fueron objeto de multas este mes por la Procuraduría Federal del Consumidor por ofrecer publicidad falsa al garantizar seguridad en su servicio, pero se deslindan de cualquier cargo por delito cometido por los choferes o en los autos.

Si bien Uber modificó su publicidad en el tema de seguridad, “viola lo establecido por la ley de la materia, al no señalar un domicilio, teléfono y demás medios de contacto en el país para aclaraciones o reclamaciones por la aplicación de cobros de servicios adicionales sin la autorización expresa del consumidor”, advirtió la Profeco este mes.

Aunado a ello, no cuentan con unidades de atención ni medio de contacto directo para atender a los usuarios.

“En el caso de Uber se señala que para la solución de cualquier controversia que eventualmente se presente entre los usuarios del servicio y la proveedora, las partes se deberán someter al arbitraje o a la mediación, establecidos en la legislación de Amsterdam, Países Bajos y en lengua inglesa”.

mexico.com contactó a Uber para conocer su postura al respecto, pero no hubo respuesta.

El caso de Cabify en Puebla

La empresa Cabify, que presta un servicio de transporte similar al de Uber, estuvo en medio de la polémica en 2017 cuando una estudiante de Puebla fue secuestrada, violada y después fue hallada muerta.

El video de la cámara de seguridad de su conjunto habitacional muestra cómo la joven nunca descendió del auto al llegar a su destino.

Cabify no proporcionó de inmediato los datos del conductor, quien estuvo libre varios días y era el principal sospechoso del crimen. Finalmente fue detenido y enfrenta un proceso penal, pero la empresa se deslindó de cualquier responsabilidad.