Faltan 20 minutos para que den las 9 de la noche y Ricardo Anaya sube al podio y frente a un puñado de simpatizantes se autodenomina un "demócrata". Acto seguido, acepta que ha sido derrotado en las urnas por Andrés Manuel López Obrador.

El candidato de la coalición Por México al Frente acepta que la tendencia no le favorece y esboza una sonrisa. Esa sonrisa muy de él. Esa que se dibuja cuando se enoja, cuando se incomoda, cuando está nervioso, cuando se equivoca, cuando anuncia demandas, cuando le hacen preguntas críticas, cuando sus rivales lo atacan, y suponemos que también cuando está feliz.

“Porque soy demócrata, digo hoy, ante las y los mexicanos, que la información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador”, dice Anaya. A su alrededor, un grupo de jóvenes panistas aprieta los ojos y contienen el aliento por unos segundos.

“Desde aquí le digo al próximo presidente de la República: en las causas que nos son comunes contará con nuestro apoyo, en la agenda con la que disentimos encontrará en nosotros una oposición”, agrega Ricardo.

El semblante de Anaya es moderado, discreto y pulcro. No hay una mueca triste, ni un suspiro a pesar del desplome. Algunas encuestas de salida, como la de Consulta Mitofsky, lo colocan 20 puntos debajo de AMLO.

El conteo rápido del INE, dado a conocer por el consejero presidente Lorenzo Córdova a las 11 de la noche, apuntaba que Anaya logró entre el 22.1% y el 22.8%, mientras que López Obrador obtuvo una tendencia que oscila entre el 53% y el 53.8%.

Su segunda derrota

Esta se trata de la segunda derrota electoral de Anaya. La primera la vivió a los 21 años en su natal Querétaro. En el 2000, lanzó su candidatura a una diputación local por el XIV distrito; y desde entonces vestía esa sonrisa. También un atuendo vaquero, sombrero incluido, con el que comenzó a hacer campaña en los pueblos de la sierra queretana. Pero fue aplastado por el Partido Revolucionario Institucional (PRI).

Han pasado 18 años de aquella derrota. Ahora en el salón Chapultepec II, del hotel Camino Real de Polanco, los frentistas —en su mayoría panistas— se mantienen con caras largas. Anaya está casi solo, apenas unas cuantas figuras de su partido decidieron acompañarlo en esta noche.

Su esposa, Carolina Martínez Franco, permanece a su lado. Aplaude con desgana una vez que Anaya concluye su discurso donde acepta que en esta elección del primero de julio no será presidente de México.

Es la primera vez que el PAN va a una campaña presidencial en alianza con un partido de izquierda: el de la Revolución Democrática, algo impensable en los tiempos de Vicente Fox —aliado del Partido Verde Ecologista de México— y Felipe Calderón, quienes obtuvieron más de 15 millones de votos en el 2000 y 2006 respectivamente.

Una de las principales razones de la alianza fue crear músculo contra López Obrador, el tabasqueño que se mantuvo como favorito en las encuestas durante toda la campaña.

Anaya logró esa alianza con la izquierda en 2017, cuando era presidente del PAN, un cargo al que llegó acusado por algunos expanistas de traicionarlos. Fue el caso del senador Ernesto Cordero y la excandidata independiente Margarita Zavala.

Pero el cuarto de guerra de Por México al Frente no le arrancó la victoria a Morena. Su grupo de estrategas conformado —entre otros— por el dirigente del PAN, Damián Zepeda Vidales; el excanciller Jorge Castañeda y Dante Delgado de Movimiento Ciudadano, se paseaban por el hotel Camino Real con caras de pocos amigos.

Las bombas de la campaña

Antes y durante la campaña, Ricardo Anaya estuvo bajo fuego. Uno de los primeros escándalos que surgieron fueron sus constantes viajes a Atlanta, Georgia, donde estudiaban sus hijos en escuelas calificadas de "exclusivas y costosas".

Ya en la precampaña explotó la noticia que Anaya había vendido una nave industrial a una empresa fantasma, un negocio que le había redituado 54 millones de pesos.

Dicha operación provocó denuncias y que la Procuraduría General de la República (PGR) abriera una investigación por presunto lavado de dinero en contra del empresario Manuel Barreiro y otros, incluido Anaya.

Inclusive el candidato de la coalición Por México al Frente llegó a acusar a López Obrador de haber hecho un pacto de impunidad con Peña Nieto a cambio de ganar la presidencia.

Pero este domingo, durante el anuncio de su derrota, Anaya liberó de culpas a AMLO: “Con la misma transparencia debo reiterar que el gobierno Federal usó facciosamente a la PGR y a otras instituciones para golpear mi campaña y lastimar mi candidatura, si queremos que nuestro país cambie y sea verdaderamente democrático, esto no debe volver a suceder. Y también es cierto que lo ocurrido no mancha a López Obrador”.

Mientras los seguidores del Frente apenas digerían la derrota, Ricardo, enfundado en un saco azul y camisa blanca, se despidió, bajó el micrófono del atril y regaló una sonrisa a todos. Esa sonrisa tan suya. La sonrisa Anaya.