Era 2012 cuando entre Baja California y Sonora nadaban cerca de 200 vaquitas marinas. Enrique Peña Nieto acababa de asumir la presidencia y ellas ya estaban en peligro de extinción. Ante la amenaza el gobierno implementó estrategias, programas, destinó recursos humanos y materiales y hasta decretó una veda en la región con el fin de preservar esta especie. Pero no fue suficiente: el último reporte refiere que quedan menos de 30 de estos cetáceos.

Ahora tocará a la administración de Andrés Manuel López Obrador el reto de salvar a la casi extinta vaquita marina; sin embargo, en su proyecto de nación no la menciona. Tampoco hay algún plan específico para proteger a las otras 474 especies en riesgo de desaparecer que se encuentran en el listado de la norma NOM−059-SEMARNAT−2010, la cual procura la conservación de la diversidad biológica.

El ambientalista Oscar Moctezuma Orozco, director de la organización civil Naturalia, explica que hasta el momento AMLO y su equipo no han dejado claro si asumirán la responsabilidad de conservar el patrimonio natural mexicano. Aunque el biólogo considera que “debe ser una prioridad de seguridad nacional, de futuro y viabilidad”.

“Es una cuestión contra el reloj. Esperemos que las nuevas autoridades entiendan a cabalidad que hay muchas prioridades, muchas metas que se están planteando en aspectos sociales, pero no estamos seguros de que estén completamente conscientes de que cualquier medida de mejoramiento social debe contemplar la preservación del patrimonio natural, porque es lo que nos mantiene con vida y lo que mantiene nuestros procesos y a nuestras especies”, opina Moctezuma, quien ha trabajado desde la década de los noventa en un ambicioso proyecto para la conservación del lobo mexicano.

“No hay castigo”

Moctezuma ha observado de cerca la vulnerabilidad de la flora y la fauna. En 2011 él y su equipo liberaron a lobos mexicanos —también en peligro de extinción— en una reserva protegida, pero meses más tarde dos caninos fueron asesinados a pesar de que la zona estaba resguardada por personal de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).

“Actualmente no hay aplicación de la ley, la Profepa es un adorno. No hay castigo para los violadores de la ley. Hay impunidad y entonces cualquiera puede matar una vaquita, un oso, un lobo”, expresa Oscar Moctezuma.



Para el biólogo, la administración de López Obrador debe otorgar recursos humanos y materiales necesarios a las instituciones, pues a veces los inspectores “no tienen ni para la gasolina”. Y debe haber mano dura, declara, para quienes asesinen o provoquen la muerte de las especies en peligro de extinción.

“¿De qué me sirve que tenga una lista de especies supuestamente protegidas por la ley, si cuando efectivamente hay que demostrar que están protegidas no se hace?”, agrega Moctezuma.

Un ejemplo de esto es el caso de la vaquita marina: en 2014 trabajaron 61 personas con 10 vehículos acuáticos para proteger a esta marsopa en un territorio de mil 800 kilómetros cuadrados. A pesar del esfuerzo, se siguieron encontrando cadáveres, muchos de ellos quedaron atorados en redes para Totoaba, un pez cuya vejiga natatoria es traficada en el mercado negro asiático.

Las especies en peligro de extinción

Buscamos a la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio) para saber si ha aumentado la lista de especies en peligro de extinción, pero nos informó que “la última revisión de la norma NOM−059-SEMARNAT−2010 fue hace ocho años y la siguiente está apenas por someterse a consulta pública, lo que implica que en este sexenio no entraron ni salieron especies”.

La Conabio aclaró que actualmente en la norma se encuentran enlistadas 2 mil 606 especies, de las cuales 475 están catalogadas como en peligro de extinción.

Algunos ejemplos de estas especies son: Bagre de Chiapas (Lacantunia enigmatica), Ajolote de Xochimilco (Ambystoma mexicanum), Tortuga laud (Dermochelis coriacea), Paiño de Leach de Socorro (Oceanodroma leucorhoa socorroensis), Bisonte (Bos bison bison), Jaguar (Panthera Onca), Oso negro (Ursus americanus eremicus) y Guacamaya roja (Ara macao).

La dependencia refiere que México está perdiendo ecosistemas, principalmente por las actividades del ser humano. Pues ha transformado, contaminado e invadido áreas naturales. Pero el panorama empeora de forma acelerada, pues según la ONU cada día desaparecen 150 especies en todo el mundo.

Martín Sánchez Vilchis, investigador del Instituto de Biología de la UNAM, dice que la administración de López Obrador tiene la oportunidad de generar el desarrollo que necesita el país con apego a la ley y sin que esto signifique la destrucción del medio ambiente.


El biólogo opina que una de las promesas de campaña de AMLO fue el combate a la corrupción y en la medida que realmente se aplique, el efecto se verá reflejado en la no sobreexplotación de los recursos naturales.

“Las especies en peligro de extinción serán indicadores para ver que las cosas realmente están funcionando. Es decir, que haya una producción adecuada respetando los medios de subsistencia natural, no sobreexplotando los mantos acuíferos, ni sobreexplotando las pesquerías… en esa medida le va a ir bien a las especies y a todos”.