Paty tiene 16 años y hace dos meses tuvo a su segundo bebé, una niña. Un año antes nació Matías, de quien se embarazó cuando tenía 14 años. Sus dos hijos son del mismo padre, a quien Paty no ve desde que estaba de cuatro meses del segundo embarazo. “Si no le importó el primero, tampoco le iba a importar el segundo”, dice. Ella lo dejó antes de que se diera cuenta que estaba embarazada nuevamente.

Paty y sus bebés viven en una de las 23 casas hogar para mujeres embarazadas en desamparo que VIFAC (Vida y Familia A.C.), una asociación civil de corte católico, tiene en 22 estados de México.

El apoyo que VIFAC ofrece a las mujeres embarazadas termina a la semana del parto, si madre e hijo están bien. Si la madre quiere conservar al bebé, se va con él, pero si quiere dejarlo inicia el proceso de renuncia a los derechos parentales y la asociación se convierte en la guardia custodia del bebé hasta su adopción.

En el año 2009 se registraron 69 nacimientos por cada mil mujeres adolescentes de entre 15 y 19 años. Pero cinco años después, en 2014, creció a 77 por cada mil. Ese año nacieron 458 mil 384 bebés de madres menores de 20 años, según datos de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID), que realiza el INEGI, pero que sólo incluye información de mujeres adolescentes mayores de 15 años, a pesar de que existe evidencia de que niñas de entre 10 y 14 años también están teniendo hijos. Actualmente se registran 74 nacimientos en mujeres de 15 a 19 años por cada mil (Conapo, 2017). El número ha disminuido pero no significativamente.

De hecho un estudio que realizó la doctora Rafaella Schiavon, exdirectora de Ipas México, una organización no gubernamental internacional que promueve los derechos reproductivos y sexuales de las mujeres en México, señala que en 2015 un 19 por ciento de todos los nacimientos sucedidos en el país fueron en niñas de 10 a 14 años, y en 2016 el fenómeno alcanzó su cifra más alta con 11 mil 808 nacimientos en niñas de entre 10 a 14 años (Conapo 2017), de acuerdo con el informe Violencia sexual y embarazo infantil en México: Un problema de salud pública y derechos humanos de Ipas México. En el 2017 la cifra fue de 11 mil 756 embarazos en niñas de 9 a 14 años, según datos que acaba de difundir SIPINNA (Sistema de Protección a Niñas, Niños y Adolescentes) del gobierno federal.

Schiavon además ya había analizado los datos disponibles en el Subsistema de Información sobre Nacimientos (SINAC), creado en 2008, el cual certifica todos los nacimientos ocurridos en el país, incluso los que no se dieron dentro de una unidad médica. Analizó 8.3 millones de certificados de nacimientos ocurridos entre 2008 y 2011, de los que un millón y medio (18.9%) fueron de madres adolescentes de entre 15 y 19 años y casi 58 mil (0.7%) de entre 10 y 14 años en mujeres menores a 14 años. Esta última cifra aumentó a 72 mil en el periodo 2010-2014.

Ante el aumento en la tasa de fecundidad adolescente, el presidente Enrique Peña Nieto presentó en enero de 2015 la Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo Adolescente (ENAPEA). Las metas son reducir a la mitad la tasa de embarazos en mujeres de 15 a 19 años y erradicarla en niñas de 10 a 14 años para el año 2030. En 2016, a un año del arranque de la estrategia, el conteo fue de 74.4 nacimientos en adolescentes por cada mil (Conapo, 2016).

La ENADID 2014 señala que 40% de todos los embarazos, en todos los grupos de edad en México, fueron declarados no planeados o no deseados. Y en adolescentes, una cuarta parte dijo que no lo quería en ese momento y otra cuarta parte dijo que no lo quería en absoluto.

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Paty conoció al padre de sus hijos cuando tenía 14 años y él 24. Se conocieron en la Central de Abastos de Ecatepec, ella trabajaba en una fonda como repartidora de comidas, y él en su puesto de chiles secos.

Paty estudió hasta el primer año de secundaria, y en ese único año ganó un concurso de Historia que se realizó en las escuelas públicas del Estado de México.

La estrategia del gobierno para disminuir el embarazo adolescente se ocupa de prevenir el primer embarazo, pero no establece acciones para evitar el segundo, como le sucedió a Paty, explica en entrevista la doctora Josefina Lira, directora de la Clínica de la Adolescente del Instituto Nacional de Perinatología (Inper) Isidro Espinosa de los Reyes, un consultorio único en su tipo en el país, que sólo atiende a adolescentes embarazadas menores de 16 años.

“Para nosotros como institución la prevención del primer embarazo es difícil, pero en el segundo sí podemos hacer mucho trabajo”, dice Josefina Lira y agrega que la causa del embarazo adolescente es multifactorial, es muy complejo.

“Hemos trabajado mucho para la prevención del embarazo posterior al primer embarazo, que es un tema que ha faltado en la ENAPEA: prevención. En México casi la mitad de las adolescentes que llegan a las instituciones de salud pública en todo el país se van sin un método de planificación familiar”, afirma la doctora.

Desde su creación en 1998 a la fecha, la Clínica de la Adolescente ha atendido a 16 mil 885 adolescentes embarazadas, de las que casi 90% salen de la sala de partos con un método anticonceptivo reversible y de acción prolongada: “Les hacemos firmar un documento de consentimiento informado, les explicamos lo que es el método anticonceptivo; yo en lo personal hago mucho hincapié en el dispositivo de cobre porque tiene una eficacia de 10 años […] y también ponemos implantes subdérmicos […], nosotros por política le decimos a la paciente: ‘si tú en el momento del parto dices: siempre no quiero nada, no te lo ponemos, eres libre de decidir’, pero la gran mayoría lo entiende”.

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Antes de conocer al papá de sus hijos, Paty no había tenido relaciones sexuales con nadie. Nunca usaron algún tipo de anticonceptivo. La posibilidad de un embarazo no se les ocurrió, “creía que no nos iba a pasar […] y luego ya terminé embarazada”.

Ella se separó del padre de sus hijos y de pronto un día se vio con un bebé de ocho meses en recuperación de una bronquitis, embarazada de nuevo, sin trabajo, sin ahorros, y sin apoyo familiar, por eso tomó el consejo de una amiga suya y buscó apoyo en una de las casas hogar que VIFAC tiene en la Ciudad de México.

Está en la casa que tienen en Satélite, en el Estado de México desde que tiene cuatro meses de embarazo. Para ella fue un alivio que la aceptaran junto con su hijo.

“VIFAC está concebida como una institución que está a favor de la vida, nuestro slogan es ‘Celebramos la vida’, la que está aquí ya tomó la decisión de que lo va a tener”, responde Patricia Vidaña Hoyos, directora operativa de la asociación.

VIFAC fue fundada en 1985 y es un lugar para ayudar y acompañar a las mujeres embarazadas sin recursos y sin apoyo familiar. Se mantienen de donaciones y entre sus donatarios está el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia del Estado de México (DIFEM), que en agosto de 2017 donó a la sede de VIFAC Estado de México la cantidad de 4 millones 500 mil pesos para que VIFAC los usara en “la atención integral de adolescentes y mujeres embarazadas en cualquier etapa del embarazo hasta llegar a su término período de gestación, parto y postparto que sean canalizadas por el DIFEM”, según se lee en el contrato de donación condicionada obtenido vía solicitud de información (00136/difem/ip/2017).

En el informe financiero de 2016 que esa misma sede presentó al Servicio de Administración Tributaria (SAT), y que fue consultado para este reportaje en el portal de Transparencia de Donatarias Autorizadas del SAT el 14 de diciembre de 2017, VIFAC Estado de México declaró que recibió un total de 9 millones 228 mil 448 pesos en donaciones en efectivo; 67 mil pesos fueron dados por donantes del tipo Persona Física Nacional y el resto por donantes del tipo Persona Moral Privada Nacional.

“Nosotros somos una institución cien por ciento católica, esto nos ayuda muchísimo, nosotros les hacemos ver que por otro lado hay muchas mujeres que no pueden tener hijos, entonces lo vemos como una bendición, como un regalo de la naturaleza […] incluso las que han sido violadas, ¿que por qué a algunas las violan y no se dio y por qué a ti sí?: el plan de Dios, solamente él lo sabe y nosotros no lo entendemos pero sabemos que no se equivoca”, dice la subdirectora de atención, Judith Arriaga Muñoz.

No hay un límite de edad para las mujeres que llegan a VIFAC, han tenido niñas de 11 años y mujeres de 45. Tampoco importa si están casadas o no, pero según su directora, no llega ni al 1% las mujeres que llegan con pareja, la mayoría de ellas son mujeres que están viviendo su embarazo solas; muchas son empleadas domésticas o de provincia y están solas en la ciudad. Las menores de edad, para poder ingresar tienen que tener la autorización de sus padres o de algún familiar, aunque siempre hay excepciones, como con Paty.

No indagan a profundidad sobre las causas del embarazo, preguntan si fue voluntario o involuntario pero no ahondan mucho en el tema, “al final del día tienes una idea, después a lo mejor hasta lo sabes más, en la medida que vas acompañándoles, pero de saber si fue voluntario o no voluntario sí lo sabes”, comenta la directora. Tampoco han desarrollado un protocolo ni apoyan con asesoría legal para atender los casos de embarazo que podrían ser por violación.

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En la Ciudad de México existen 13 Instituciones de Asistencia Social (IAS) que ofrecen “apoyo en gestación o lactancia en situación de vulnerabilidad”, todas ellas son privadas y la mayoría de vocación católica; ninguna es pública.

El panorama a nivel nacional no es muy distinto, la mayoría de las instituciones que ofrecen estos servicios son de asistencia privada; sin estos albergues, casas hogar y estancias privadas, las madres adolescentes sin recursos ni apoyo familiar como Paty quedarían a su suerte. Tampoco existen programas sociales federales dirigidos específicamente a adolescentes embarazadas o a madres adolescentes; esa fue la respuesta de las siete instituciones —Instituto Nacional de las Mujeres, Instituto Nacional de Salud Pública, Instituto Mexicano del Seguro Social, Secretaría de Economía, Secretaría de Desarrollo Social, Centro Nacional para la Salud de la Infancia y Adolescencia, Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia de la Ciudad de México— a las que se les preguntó sobre este tema vía solicitud de información.

La existencia de instituciones de asistencia privada y asociaciones civiles que funcionan como el brazo “operativo” del DIF y se ocupan de la atención a adolescentes embarazadas y madres adolescentes es una muestra de que “la sociedad civil tiene la capacidad y la competencia para complementar al Estado en estos cuidados”, comenta la doctora Schiavon, pero al delegar estas responsabilidades, el Estado renuncia a una oferta de servicios públicos ideológicamente neutros y como consecuencia debe proveer los instrumentos de vigilancia, supervisión y rendición de cuentas que garanticen que los servicios que ofrecen se den bajo las normatividades pertinentes.

Sin embargo, al estar recibiendo recursos públicos vía DIF estatal o nacional o a través del Ramo 12 Salud, su obligación es informar sobre todas las opciones que tiene una mujer en esa situación y luego referirlas a los centros que sí puedan atender su problemática.

Para la doctora Schiavon, “la información y la referencia tienen que ser neutrales, basadas en evidencia científica, no pueden ser basadas en amenazas del tipo: ‘te vas a morir desangrada’, ‘el aborto es súper peligroso’, o este tipo de cosas que, digamos, contribuyen e intentan contribuir a una toma de decisión en un cierto sentido, porque la toma de decisión no la hacen solo en el sentido moral: ‘es pecado’, ‘te vas a arrepentir toda la vida’ (...) eso no se vale”.

Los esfuerzos del Estado se han concentrado en una estrategia para la prevención del embarazo adolescente, pero están ignorando a las adolescentes que ya son madres y que como Paty, enfrentan solas la maternidad y al no tener ningún programa social al que afiliarse, son más propensas a vivir situaciones peligrosas para ellas y sus hijos, a establecer relaciones codependientes a cambio del alivio económico y de un techo para sus hijos; a tener trabajos informales extenuantes y mal pagados; a sufrir desequilibrios mentales; a la indigencia o al comercio sexual.

La forma en la que operan instituciones como VIFAC es cuestionable –se rigen bajo protocolos acordes a sus creencias, su comunicación se podría calificar como engañosa y se aprovechan de la vulnerabilidad de algunas mujeres embarazadas que llegan a sus centros pensando que son una clínica en donde pueden interrumpir su embarazo y las convencen de no hacerlo a partir de dogmas de Fe–, pero no podemos olvidar que estas instituciones están atendiendo una problemática ante la que el Estado se ha mostrado indiferente.

En abril de 2017, después del último encuentro con Paty, ella y sus dos bebés seguían viviendo en la Casa de VIFAC. El área jurídica de la asociación la ayudó a tramitar su acta de nacimiento, con este documento ya pudo registrar a sus dos hijos. También ha vuelto a estar en contacto con algunos de sus hermanos mayores de edad y estaba apunto de salir de VIFAC para irse con ellos en lugar de ser canalizada a otra Casa Hogar para madres adolescentes.

*Brenda Barrón es egresada de la Maestría en Periodismo sobre Políticas Públicas del CIDE, y Alejandra Ríos es profesora-investigadora de la División de Administración Pública del CIDE.

Coordinación de investigación: Carlos Bravo Regidor. Coordinador de PeriodismoCIDE.