La policía de la capital mexicana es una de las corporaciones que más “pierde” armas en el país.

Entre 2006 y 2018, la Procuraduría General de Justicia (PGJ) de CDMX reportó el robo o extravío de 406 armas de fuego, mientras que la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) registró la desaparición de mil 666. Juntas suman poco más de 2 mil unidades, revela información obtenida vía la ley de transparencia.

En el mismo periodo, ambas dependencias compraron a la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) 26 mil 639 armas. Es decir: por cada 100 piezas que adquirieron, perdieron 8.

Para tener una idea de la magnitud del problema, esta relación es superior a estados con fuerte presencia del crimen organizado como Baja California, Chihuahua, Sinaloa, Michoacán o Veracruz. Solo autoridades de tres estados superan a la capital en robo de armas: Guerrero, Tlaxcala y Tamaulipas, con 16, 11 y 10 armas ‘perdidas’ por cada 100 que compraron.

Alexei Chévez Silveti, especialista en seguridad, considera que el fenómeno en CDMX se explica por el tamaño de la policía capitalina frente a la del resto de las entidades federativas.

“Al haber un mayor número de elementos, la pérdida de armamento, los enfrentamientos y todo son exponencialmente mayores que en otros estados.

“Hay otra cosa, en la Ciudad de México las administraciones anteriores han hecho un esfuerzo enorme porque todos y cada uno de sus policías estén armados, cosa que no sucede en otras entidades como Guerrero, por ejemplo”, explica Chévez.

Algunos casos

La noche del 27 de febrero de 2015, dos hombres encapuchados y armados robaron un lote de 34 armas largas y cortas a la Policía Auxiliar de CDMX. El arsenal se encontraba en una bodega propiedad de la empresa Elektra, en la alcaldía Iztapalapa, y eran resguardadas por un solo elemento.

Los agresores amagaron al policía para luego sustraer las armas, entre ellas, una subametralladora Pietro Beretta calibre .9 milímetros. Lo que sucedió después de ese día es un misterio ya que la corporación clasificó como reservada toda la información sobre la investigación.

El 9 de julio del año pasado, dos mujeres robaron a un agente tres armas cortas y dos largas que tenía bajo su resguardo en un almacén de la delegación Venustiano Carranza.

El policía auxiliar explicó a sus jefes que tenía 20 días de conocer a una de las mujeres, quien llegó al lugar que custodiaba para prepararle sus alimentos. Mientras comían, el policía se levantó al baño donde perdió el conocimiento. Cuando despertó ya no estaban las mujeres ni las armas.

En un principio el crimen era atribuido a integrantes de “la banda de las goteras”, llamadas así porque colocan gotas en las bebidas de sus víctimas para sedarlas y luego robarles. Sin embargo, la PGJ descartó esa posibilidad e incluso rechazó que el policía haya sido drogado.

Semana y media después, otro policía auxiliar denunció el robo de su pistola durante su horario de comida, una Smith & Wesson calibre .38.

Y al final de mismo mes, dos ladrones vestidos con uniformes de la Policía Bancaria e Industrial robaron el arma de cargo a otro policía auxiliar. El uniformado resguardaba una residencia utilizada como bodega cuando los falsos policías bancarios solicitaron entrar. El oficial abrió la puerta y los delincuentes lo amagaron.

Al darse cuenta de que el lugar estaba vacío ese día, los ladrones se conformaron con quitarle el arma al policía.

Estas son solo algunas historias que dan rostro a los registros estadísticos que tiene la Secretaría de la Defensa Nacional sobre armas reportadas como robadas o extraviadas.

Para el especialista Alexei Chévez Silveti, la posibilidad de que exista contubernio entre miembros de la policía con el crimen, aunque existe, es muy poco probable, ya que "de ser el caso veríamos este tipo de armamento (policial) en los asaltos y robos que asolan la ciudad: y no es así”.

“La correlación siempre tiene que ver con el número de policías que son. Si estas armas efectivamente fueran producto de corrupción —que no dudo que alguna que otra arma sí sea— o de que los policías están vendiendo las armas, las veríamos más en los asaltos”, concluye.